Salvando las distancias, que son muchas y no sólo temporales, el óbito de la que fuera primera ministra del Reino Unido entre 1979 y 1990, nos trae a la imaginación ciertas concomitancias entre lo que vimos venir desde el otro lado del Canal de la Mancha y lo que hoy vemos llegar aquende los Pirineos. Cuando por estos lares aún nos estábamos desprendiendo de las legañas acumuladas durante 40 años de dictadura franquista y haciendo nuestros primeros pinitos de democracia política y social, en la Pérfida Albión se afilaban las armas para abrir el camino a una nueva estrategia política que, en el terreno socioeconómico, abrió la puerta a otra forma de entender las relaciones financieras y comerciales entre los diferentes sujetos de las sociedades humanas.
Mientras aquí nos afanábamos en pactar para reformar una herencia económica muy poco boyante, anclada en el nacionalismos más rancio, para abrir camino a un modo de democracia política, social y económica, en el Reino Unido se desbrozaba el camino para la aplicación de políticas de oferta, que supondrían el contrapunto de las políticas keynesianas practicadas por tirios y troyanos, léase conservadores y socialdemócratas, de las dos décadas previas. Y es que la crisis del petróleo iniciada en 1973, y replicada seis años más tarde con una inusual y estratosférica elevación del precio de esta materia prima básica, puso en jaque los principios más elementales de la política económica que se habían venido practicando con un éxito incuestionable tras el fin de la Segunda Guerra Mundial.
Las recetas de corte keynesiano se tornaron inefectivas ante la conjunción de elevadas tasas de inflación y desconocidos niveles de desempleo, lo que por aquel entonces comenzó a denominarse “estanflación”, aludiendo a la presencia simultánea de estancamiento económico con intensas elevaciones de los precios. En este interregno de la primera mitad de los años setenta del pasado siglo fueron ganando audiencia las voces que clamaban ya desde hacía años, desde las academias y desde numerosos centros de asesoramiento político, por una forma alternativa de entender la dinámica de las relaciones económicas, otorgando su preeminencia al mecanismo del mercado por encima de la intervención del Estado en esta materia, instrumento clave del pensamiento básico, entonces hegemónico.