La industrialización se ha entendido desde hace mucho tiempo como sinónimo de desarrollo, de ahí que cuando se alude a los “países industrializados” se habla de las economías desarrolladas del orbe (como Estados Unidos, Alemania y Japón). Asimismo, por países “en vías de desarrollo” se entiende a las economías inmersas en procesos de industrialización, es decir, que producen una gama creciente de manufacturas de forma más compleja, que incorporan cambio técnico, que generan una mayor inversión en capital y hacen uso de una fuerza de trabajo con altos niveles de calificación. El crecimiento del sector industrial arrastra también al sector servicios, pues al producir más manufacturas para los mercados interno y externo se fomentan el comercio, los transportes, los servicios financieros y administrativos, por ejemplo. El papel de la expansión industrial como motor del desarrollo nacional se puede constatar una y otra vez a lo largo de la historia. No es casual que el desarrollo de la economía mexicana haya ido atado a nuestra industrialización o que las grandes economías emergentes como China y la India, o Brasil por hablar de un caso más cercano, precisamente estén viviendo la expansión de sus industrias.
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