Javier de Quinto
La candidatura Madrid 2020, que intentaba por tercera vez consecutiva convertirse en sede de los Juegos Olímpicos (JJ.OO), volvió a fracasar, esta vez en Buenos Aires. Fue descartada en primera ronda de votaciones frente a Estambul y Tokio. No queda otra que felicitar a Tokio, la ganadora, que los organizará por segunda vez en la historia.
Seguramente nuestra derrota no debe achacarse a la calidad del proyecto. Cerca del 80% de las infraestructuras ya están construidas y era la que menor inversión hubiera requerido (unos 1.500 millones de euros), lo que nos daba cierta credibilidad en un entorno de severa restricción presupuestaria seguramente impuesta por autoridades supranacionales, pero obedientemente asumida por las autoridades (y otros no tan autoridades) nacionales…
Una pena… porque las bondades de ser anfitrión de unos JJ.OO son importantes desde el punto de vista económico ya que suponen por una parte un impulso (keynesiano, y Dios me perdone la expresión) de inversión en infraestructura seguramente financiada con deuda pública, un impulso (a plazo) en la demanda de servicios principalmente hoteleros y de servicios (básicamente demanda externa) e importantes efectos spin off, imposibles de delimitar a vuelapluma.
