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jueves, 23 de octubre de 2014

¿Es esto una reforma fiscal?

Domingo Carbajo Vasco - Augusto Plató - Inspector de Hacienda

1. Consideraciones generales 

El 1 de enero de 2015, según el Gobierno, los españoles dispondremos de un nuevo sistema tributario, producto de la Reforma Fiscal en marcha (los diferentes proyectos legislativos acaban de ser presentados al Senado).

Se trata de un marco legislativo esencial, según el mismo Gobierno, para apuntalar la recuperación económica y la salida de la crisis; es más, las estimaciones macroeconómicas de la Reforma Fiscal afirman que tendrá un impacto positivo en el PIB del 0,55%, suponiendo una disminución recaudatoria de 9.000 millones de euros.

Tal descenso de los ingresos públicos se “devolverá” al bolsillo de los españoles, con lo que éstos, ante el aumento de sus rentas netas, procederán a un mayor consumo y, en consecuencia, se generará un impulso a la recaudación derivada de los impuestos indirectos, fundamentalmente, el IVA, lo que potenciará la demanda privada que sustituye, como variable económica, a unas exportaciones, cuya evolución es cada vez peor, en un contexto de estancamiento económico de la Unión Europea, a la cual siguen dirigiéndose cerca del 70% de nuestras actividades de comercio exterior [1].

Es más, tal recuperación de ingresos, vía consumo privado, será compatible con una nueva reducción del déficit público (a situarse en el 4,2% del PIB, frente al 5,5% previsto para finales de este año 2014) [2] y tendrá un importante componente social, ya que los mayores beneficiados serán las rentas bajas y las clases medias.

De acuerdo con el mantra de la Reforma Fiscal, los contribuyentes, trabajadores y autónomos, con ingresos inferiores a los 12.500 euros no pagarán Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF), ni tampoco serán objeto de pagos a cuenta de este tributo (eliminándose de esta forma la llamada “trampa de la pobreza” e igualándose el salario neto y el bruto).

viernes, 3 de octubre de 2014

Los presupuestos ¿de? la recuperación

Ana I. Viñas Apaolaza - Augusto Plató


El Gobierno presentó el pasado día 30 de septiembre, ante el Congreso, los Presupuestos Generales del Estado para 2015 bajo el titular “Las Cuentas Públicas de 2015 impulsan el crecimiento económico, la creación de empleo y la mejora de la competitividad”. Su presentación formal y sobre todo mediática se ha centrado en “vender” que son las Cuentas Públicas de la recuperación, para la recuperación. 

Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas
Sin embargo, de un primer análisis (y siendo conscientes de la dedicación que exige el estudio de los Libros de Presupuestos) estamos convencidos de que lo que el Ministro Montoro tendría que transmitir es que se trata de unos Presupuestos que confían en la recuperación, estimados a partir de unas mejores previsiones de crecimiento del PIB y del empleo.

Y no es lo mismo, pues unos Presupuestos de la recuperación deberían contener medidas claras de política expansiva que impulsasen la demanda agregada, vía consumo e inversión tanto privados como públicos. Y no es así.

De hecho, salvo algunos guiños expansivos (insuficientes desde nuestro punto de vista), la pauta es conservadora, pasiva: dejar actuar a los estabilizadores de los ingresos (impuestos y cotizaciones sociales), y del gasto (confiando en la creación de empleo y el menor desempleo). Con este criterio restrictivo, el resultado es un aumento de los ingresos no financieros del 4,3% frente a PGE 2014 y una reducción del gasto público del 5,1%.

El Gobierno delega en los ingresos procedentes de los impuestos todo el peso del Presupuesto. Espera que su Reforma Fiscal y la recuperación económica incrementen la recaudación. Por ello, el aumento más llamativo se produce en el IVA (un 9,9%) y en el Impuesto de Sociedades (un 5,6%). En cambio, se reduce el IRPF un 0,3% como consecuencia de la Reforma Fiscal.

En materia de gasto público el descenso se debe a la contención de tres partidas clave para la recuperación del gasto en consumo de las familias, que quedan atrapadas en el ajuste: uno, la congelación de salarios públicos, de nuevo; dos, una timidísima revalorización media de las pensiones del 0,25%; y tres, la caída del gasto en prestaciones por desempleo, próxima al 15%. El resto de gastos, juegan un papel secundario.

Es más, el fuerte recorte de las prestaciones por desempleo, estimado a partir de las mejores cifras de ocupación y la reducción del paro registrado, no contempla a día de hoy mejorar la protección por desempleo. Se limita a cumplir con la normativa vigente y olvida que la tasa de cobertura de estas prestaciones ha caído del 78,4% en 2010 al 59,4% (media de 2014). Menos beneficiarios, que cobran menos -tanto por el endurecimiento de las condiciones como por la precariedad del empleo que se está creando desde la crisis-. 

Se podría pensar que, a cambio, ha mejorado el presupuesto para políticas activas y de intermediación (un 16,6%). Sin embargo, el destino de esta partida se concentra sobre todo en el sector privado: Agencias Privadas de Colocación (un presupuesto que ha pasado de 30 a 140 millones €) y bonificaciones a la contratación (crece la partida en torno al 22%). Ambos proyectos del Gobierno, cuya puesta en funcionamiento es demasiado reciente como para apostar por un incremento de tal proporción, sin haber sido evaluados.

En definitiva, las previsiones del cuadro macro del Ejecutivo son tan determinantes en estos PGE que cualquier bache que pueda afectar al consumo y la inversión, como una recaída de las principales economías europeas (Alemania y Francia están en el punto de mira de los pronósticos) supondría una amenaza para su cumplimiento. Con consecuencias, además, sobre el logro de las previsiones de déficit y deuda, que reducirían sus ratios planeados. 

Y no queremos ni pensar que puedan ser necesarios nuevos ajustes en pleno ejercicio, porque la experiencia nos dice que los recortes serán de gasto y los afectados, los de siempre.

viernes, 5 de octubre de 2012

El increíble cuadro macroeconómico

Laura Pérez Ortiz - Augusto Plató

El Gobierno acaba de presentar su proyecto de Ley de Presupuestos Generales del Estado para el próximo año 2013. En el marco de la nueva gobernanza económica de la Unión Europea (ya comentamos esta nueva gobernanza aquí), tras la presentación en abril del Programa Nacional de Reformas y del Programa de Estabilidad, en cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y teniendo en cuenta las recomendaciones de Comisión y Consejo, ahora el Gobierno somete al visto bueno de la Comisión las cuentas públicas para el próximo ejercicio. 

Las medidas en ellas dibujadas, acompañadas por el documento “Estrategia española de política económica. Balance y reformas estructurales para el próximo semestre”, suponen el documento fundamental donde se plasma la política económica del gobierno. 

Para hacer esta (o cualquier otra) política económica, el gobierno se basa en un cuadro macroeconómico, donde se recoge la evolución reciente y las perspectivas para este y el próximo año. Un cuadro macroeconómico contiene la evolución de las principales macromagnitudes de una economía, y aquí es donde comienza la fantasía. 





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