Santos M. Ruesga - artículo publicado en la revista “Ejecutivos” nº 253, mayo 2014
Quiero agradecer a mi colega Julimar Da Silva sus aportaciones a esta reflexión, tras largos debates en los que concluimos en los mismos resultados tras discrepar en casi todo.
El pasado 2 de abril la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Ms. Christine Lagarde, alertaba sobre la marcha de la economía global, indicando que estaba “demasiado débil para la comodidad”, llamando la atención especialmente sobre los riesgos de deflación en la zona euro Añadiendo que aunque los signos de la economía global eran positivos, «sin ambición política suficiente el mundo podía caer en una trampa de crecimiento lento a medio plazo» (1).
Y es que el año 2013, el quinto desde el colapso de Lehman Brothers y el inicio de la grave crisis financiera global, muestra la consolidación de dos estrategias diferentes de política económica frente a la crisis, especialmente después de 2010. Mientras el resto del mundo desarrollado y los países emergentes experimentaban tasas de crecimiento de la economía y del empleo positivas y sostenidas desde 2010, la Zona Euro sufría su particular crisis de austeridad con recesión económica, incremento del desempleo y, otra vez, una grave amenaza de deflación.
Mientras en el resto de países desarrollados y los países emergentes mantuvieron un mix tanto de política monetaria como fiscal expansivas, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo, comandados por la austeridad tudesca, han adoptado una serie de medidas de ajuste depresivo con fuertes efectos negativos sobre el bienestar social de los europeos, especialmente en los países del sur. Derivado de ello la evolución macroeconómica de ambas regiones, tanto en términos de PIB, como de empleo son absolutamente dispares.

Tasa de paro y déficit público de las economía desarrolladas. 2007-2013
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Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat. |
Durante el pasado año la Reserva Federal mantuvo su política de expansión monetaria a través de las llamadas “facilidades cuantitativas” (quantitative easing), comprando valores hipotecarios y bonos del gobierno, por ejemplo. Una estrategia semejante se había adoptado por los gobiernos del Japón, Reino Unido y las economías emergentes. Sin embargo, el Banco Central Europeo mantuvo una política monetaria convencional, con bajos tipos de interés y refinanciando operaciones a largo plazo. Esa es una de las explicaciones de por qué las economías de los Estados Unidos, Japón, Reino Unido y los emergentes tuvieron un crecimiento económico y una reducción de la tasa de paro desde 2010, mientras que dicha tasa de paro sigue incrementándose en la Zona Euro.
Además, hay que añadir también como explicación de esta evolución económica dispar las diferentes estrategias en materia de política fiscal. Mientras la Zona Euro sucumbía en el dogma de la austeridad fiscal (el austericidio, como lo define un colega), la devaluación interna, el debilitamiento sistemático de la negociación colectiva y del diálogo social, el ajuste estructural y los recortes sociales a partir de 2010, lo que ha provocado una nueva depresión económica que se prolonga hasta la actualidad y ha agravado el riesgo de deflación, especialmente en los países del sur de la Zona Euro, las demás economías desarrolladas experimentaban una intensa intervención de los diferentes gobiernos con el objetivo de mantener la demanda efectiva a través de una expansión del gasto público o de los llamados estabilizadores automáticos, como la prestación por desempleo.