jueves, 30 de abril de 2015

Medias verdades sobre el empleo

José Manuel Lasierra - Universidad de Zaragoza y Santos M. Ruesga - Universidad Autónoma de Madrid
Este artículo se publicó en El periódico de Aragón, el miércoles 29 de abril de 2015

Una sociedad tan vapuleada por el desempleo durante tanto tiempo siempre recibe con esperanza las noticias que reflejan la creación de empleo. Si a esto se une la subida de nivel de los amplificadores de los éxitos junto con una cierta pereza intelectual, nos encontramos con un escenario casi idílico que se nos vende con alborozo, pero que no resiste una observación, ni siquiera profunda, de la realidad que nos circunda, caracterizada por alto desempleo y precariedad laboral. Eso se vuelve a certificar en la EPA del primer trimestre de 2015. Pero tan malo como esa situación en sí, es la propaganda que esconde los errores de las políticas aplicadas. Veamos.

1. Se dice que los “buenos resultados” en el empleo que nos dieron con las cifras del paro registrado hace un par de semanas se debían a las reformas aplicadas, que ya estaban dando sus frutos, y que por tanto había que continuar en esa línea. Falso. El crecimiento económico en estos momentos, se debe a los estímulos de las políticas del BCE que han puesto más dinero en la economía, han abaratado el euro, lo que fomenta las exportaciones, y han contribuido a reducir la prima de riesgo, lo cual limita la contracción sobre el gasto público. En definitiva, se trata de políticas expansivas, lo contrario de lo que se venía haciendo. Es decir, el crecimiento actual supone un reconocimiento, con hechos y resultados, del error de las políticas aplicadas hasta fechas recientes en esta crisis. Se ve que eran posibles y mejores otras políticas que evitaran tanto sufrimiento. Además, el crecimiento actual se ve favorecido por la coyuntura externa derivada de los precios del petróleo.

2. Detrás de algunas cifras de empleo, aparentemente positivas, se esconden importantes carencias que es necesario aclarar. Los contratos indefinidos y las afiliaciones a la seguridad social se observan con las características del mercado de trabajo de tiempos pasados, que no son las mismas que las del actual. Comprendemos dos trampas que se nos trata de hacer con la caída del paro registrado. Una es por el denominado "efecto del trabajador desanimado" (aquel por el que el trabajador que lleva mucho tiempo buscando empleo y no lo encuentra, deja de buscar “activamente” empleo y no aparece como desempleado). La otra es por la caída de la población activa por la misma razón anterior, las prejubilaciones y la emigración. Y así creemos que las afiliaciones a la seguridad social y la contratación indefinida son datos que marcan la bondad del funcionamiento del mercado de trabajo. En ambos casos, esta información debe matizarse. Nada impide que los contratos indefinidos sean por una jornada parcial o discontinua. De la misma forma, las afiliaciones no son sinónimo de contratos indefinidos de jornada completa, ni mucho menos. Si se sustituye un trabajador fijo de jornada de 40 horas semanales por dos de 15 horas cada uno (total 30 horas), se ha creado empleo neto pero se trabaja y se produce menos. ¿Hay alguien ahí que pregunte por estos “detalles”?

3. El PIB y las condiciones salariales y de empleo. Una de las bondades de la reforma laboral, se nos dice, es que con menos crecimiento ya se crea empleo. Ah... bueno. Seguramente el empleo es la primera prioridad de una sociedad, o lo era. El problema es que en nuestro país, en estos momentos, un empleo no garantiza la inclusión social, es decir, no evita la persistencia de importantes carencias personales. ¿Qué significa que aun creciendo poco creamos más empleo? Pues que el empleo que se crea recibe menos. Por ejemplo, si la economía produce 100 cocos (el PIB) y hay 100 trabajadores, les corresponde 1 coco a cada uno. Si el PIB crece el 1% y el empleo el 3%, o sea 101 cocos y 103 trabajadores, pues a cada uno le toca menos de 1 coco. En definitiva, un sistema que crece poco, en el que la productividad es baja, reparte la pobreza en forma de bajos salarios. Pero no queda ahí el problema de ese modelo. De esos bajos salarios se derivan cotizaciones limitadas a la seguridad social. Ya se ha echado mano tres veces de la hucha de las pensiones en esta legislatura. Y continúa: ¿qué perspectiva tienen las pensiones futuras de ese trabajo precario que cotiza poco? La cuestión es conseguir crecimientos elevados y generar valor y eso requiere trabajadores motivados, que no se compagina con salarios y condiciones precarias, y sobre todo capacidad y habilidades empresariales. Imaginemos la empresa Textiles XXX que compra tejidos por 50 y los vende confeccionados por 150, tiene un valor añadido de 100 para distribuir en salarios y beneficios. La empresa Textiles ZGZ con tejidos por el mismo importe de 50 los vende por 500, ha generado un valor añadido de 450 que le permite pagar mejores salarios y más beneficios. Seguramente esta segunda empresa ha acompañado su producción con otras características que la hacen más valorable y que habrá que deducir de esos 450 de valor añadido, pero en definitiva es el valor creado lo que va a permitir mejores salarios y mejores empleos. ¿Se hace algo para generar estas capacidades? Con la reforma laboral, con los recortes salariales, ¿se estimulan esas capacidades?

Lo peor de esta visión sobre el empleo en nuestro país es que trasmite acomodo y ausencia de políticas para transformar el modelo productivo en una perspectiva de futuro que todos entendemos cuál debería ser.
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