viernes, 7 de septiembre de 2012

La devaluación interna: riesgos potenciales para la economía española

Manuel Pérez Trujillo - Augusto Plató



La unión monetaria europea afronta en la actualidad los envites del mercado financiero y sus especuladores, deteriorándose poco a poco, a fuerza de desgaste, la estabilidad del euro, ganando enteros su posible ruptura. El problema es Europa. El viejo continente y sus dos realidades, norte y sur, se han convertido en un problema potencial para la economía mundial. Las políticas económicas impuestas desde Bruselas (dictadas por Alemania) parecen no tener un efecto inmediato, ahogando a las economías más débiles (Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia), amenazando con arrastrar al resto de países que conforman la Eurozona a la recesión, hundiendo en este proceso un tercio de la economía mundial. La combinación de ajustes estructurales y austeridad fiscal parece inservible para calmar a los mercados y, aún peor, potenciar el crecimiento económico, algo necesario para generar empleo (acentuando el grave problema social) y pagar las deudas de las economías periféricas (incrementando la presión financiera).

 Y en todo este proceso destaca España, convertida en una pieza clave. La cuarta economía del euro se encuentra en apuros y su importancia en Europa la sitúa en un punto estratégico en la sostenibilidad de la moneda común. España es un claro ejemplo de todos los males que azotan la Eurozona, derivada de la falta de competitividad. El modelo económico anterior y la falta de alternativas para el futuro son el mayor problema. Las políticas de reformas “estructurales” (centradas en el mercado de trabajo) y de ajuste presupuestario no están teniendo un resultado inmediato (muy a pesar de los deseos del gobierno), deteriorando la confianza y expectativas económicas, corriendo el riesgo de deparar en el estancamiento productivo.

Los tres gráficos que se muestran a continuación indican que España corre este riesgo. En el primero (gráfico 1) se puede observar como el desempleo (situándose la tasa de paro en el 24,63 por ciento para el segundo trimestre de 2012) y la aceleración desde el tercer trimestre de 2011 de la destrucción de puestos de trabajo está lastrando las expectativas de desarrollo económico y la confianza del consumidor, indicando una profundización de la crisis económica en el corto-medio plazo.
 
Gráfico 1. Evolución de la tasa de paro y del gasto en consumo final

Este efecto se puede notar también en la Balanza de Comercial, donde a pesar de que todos los indicadores muestran una cierta ganancia de competitividad desde el comienzo de la crisis (gracias a la reducción de los costes laborales unitarios), en realidad acontece una mayor caída de las importaciones (consecuencia del descenso de la demanda interna) en comparación a las exportaciones, mostrando ambas una tendencia negativa en su crecimiento desde el segundo trimestre de 2010, indicando de nuevo el enfriamiento de la economía nacional.
Gráfico 2. Tasa de variación interanual para exportaciones e importaciones de España


Por último, cabe destacar otro indicador que da forma al argumento mostrado sobre el deterioro económico. El Índice de Cifras de Negocio de la Industria (ICN), “cuyo objetivo es medir la evolución mensual de la demanda dirigida a las ramas industriales excluyendo la construcción” (definición INE), muestra de nuevo una tendencia negativa para el último periodo de la muestra (2011TII/2012TII), acorde con el descenso de la economía (gráfico 3), indicando una mayor caída de la demanda y posible profundización de la crisis económica en el corto-medio plazo.
 
Gráfico 3. Evolución comparativa del Índice de Cifras de Negocios en la Industria y la tasa de variación interanual del PIB para España


La prolongación de la crisis económica y la terapia de “shock” impuesta desde Bruselas, aceptada por el gobierno nacional, están siendo contraproducentes, deteriorando la confianza en la economía (a pesar de que todos los procesos de ajuste y reforma son “realizados” para su fomento). La devaluación interna para el desarrollo de la competitividad, enfocada principalmente en la reducción de costes (afectando especialmente al empleo y el salario), lleva consigo un riesgo de depresión económica, consecuencia de la pérdida de renta, la inseguridad en el empleo y el deterioro de las expectativas económicas, profundizando la crisis, hundiendo la demanda, siendo “la cura peor que la enfermedad”. 
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