jueves, 3 de julio de 2014

Exportar más, pero también mejor

Santos M. Ruesga - Artículo publicado en Revista DIR&GE, junio 2014

La experiencia reciente de nuestro sector exterior, que ha registrado un importante crecimiento relativo de las exportaciones entre 2009 y 2013, previa caída notable en 2008, muestra un comportamiento procíclico, nada saludable para un futuro de crecimiento sostenible para nuestra economía. Sin duda, la recuperación, sea más o menos rápida, va a requerir de una senda sostenida de aumento de nuestra actividad exportadora para solventar nuestros problemas de excesivo endeudamiento en el sector privado de la economía. 

Ratio de exportaciones (exportaciones/PIB, en %, España, Unión Europea, total y manufacturas) 
Fuente: Elaboración propia sobre datos FMI. 

En un reciente trabajo que acabo de realizar con mi colega Norberto García (1), analizamos con cierto detalles las limitaciones de nuestro sector exportador para contribuir a un comportamiento expansivo de nuestra economía con carácter más sostenible. Los problemas se centran, fundamentalmente, en la caracterización del perfil competitivo de nuestras empresas exportadoras, con una marcada intensidad de utilización de trabajo de media o baja cualificación. Eso explica que cuando nuestra economía crece a ritmos intensos, por encima de la media de la UE, las importaciones se disparan (crecemos a impulso de la demanda interna, de forma particular del consumo privado) y las exportaciones frenan su ascenso, cuando no experimentan una cierta contracción incluso en cifras nominales. Es en estos periodos, por tanto, cuando nuestra balanza comercial entra en números rojos de modo alarmante. 

Este comportamiento, histórico, de nuestro comercio exterior, pone de manifiesto la escasa permanencia en el tiempo de la capacidad competitiva de nuestras empresas interiores, que se mueve al albur de la evolución de las tasas de inflación. La expansión del diferencial de inflación respecto a nuestro destino comercial más importante, los países de la UE, en las fases de expansión económica (a impulso del crecimiento del consumo) afecta sobremanera al nivel competitivo externo de nuestras empresas, de modo tal que tanto en el interior (por importaciones) como en el exterior (exportaciones) su producción se ve desplazada por la de empresas de los países del entorno comunitario o de terceros. 

El Informe del World Economic Forum 2013-2014 incluye una enumeración y evaluación de los principales factores que están afectando negativamente a la competitividad de España. Este informe hace énfasis en que la superación gradual de esos obstáculos es esencial para acelerar el crecimiento de la productividad. Conviene recordar que el nivel y crecimiento de la productividad se hallan directamente relacionados con la reducción de los costes totales por unidad producida y ello no solo responde a la evolución de los costes laborales absolutos.

Variación (en %) de la Productividad Total de los Factores (PTF) en Alemania, España y Estados Unidos (1985-2012)
La PTF representa el crecimiento de la producción no atribuible al incremento del capital y al incremento del trabajo (atribuible, por tanto, a la mayor eficiencia en el uso que se hace de estos factores o a otros factores, tales como el clima, etc.). 
Fuente: Elaboración propia sobre datos OCDE, base de datos. 

Que un país alcance un nivel y tasa de crecimiento de la productividad aceptable para fines de competitividad es un tema relativo, no absoluto. El crecimiento de la productividad de un país puede ser 2,5 por 100 anual, y aun así ser insuficiente si sus competidores registran un crecimiento más rápido. Y en el caso español su ámbito de competencia se sitúa en la UE. A este respecto, como señalamos en el citado texto, conviene tener en cuenta a) el atraso acumulado expresado en la gran brecha de productividad entre nuestro país y los países avanzados de Europa; b) el hecho de que España deberá competir en el futuro con países que registran un significativo crecimiento de la productividad, como son los países avanzados de Europa y las economías emergentes de crecimiento más dinámico, que interesan a España como mercado para sus exportaciones.

Lo expuesto señala que España acumula y se enfrenta a un desafío muy grande en este área clave y deberá hacer un esfuerzo especial para alcanzar un rápido crecimiento de la productividad lo antes posible. Esto implica priorizar las políticas y los recursos fiscales que sean necesarios para alcanzar dicho objetivo.

Y, sobre todo, orientar de manera adecuada los estímulos a las empresas para que se avance en ganancias de productividad sostenibles, no meramente espurias. Significa esto que hoy en día nos estamos dejando deslumbrar por una posible vía de ganancia competitiva que se apoya en menores costes salariales, en lo que denominamos la devaluación salarial, que busca mejorar la posición competitiva de nuestras empresas a base de reducir estos costes como medio para alterar los precios relativos con respecto a nuestros competidores externos. Este es un camino de corto recorrido, que en cuanto se atisben visos efectivos de recuperación de la demanda interna dejara de surtir efectos en la competitividad de las empresas españolas. La vuelta a diferenciales positivos de inflación, derivados de problemas estructurales de nuestra economía, particularmente situados en la estructura empresarial existente (tamaño empresarial, mercados oligopolísticos, dificultad de circulación del crédito, etc.) absorberá la ganancia competitiva derivada de la devaluación salarial; tenemos ejemplos en el pasado. Y viéndolo ya: el impulso de las exportaciones registradas en los tres años pasados se está acabando aún incluso cuando la devaluación salarial sigue avanzando. 

Y es que, como señalo en el citado libro, ¿Qué ha pasado con la economía española?, "entre 2009 y 2012, con nuestras ventas al exterior en expansión, los precios de las exportaciones, medidos a través de los índices de valor unitario, han aumentado un 2,2% más que en los países desarrollados, lo que indica que las empresas españolas no han necesitado reducir precios para seguir siendo competitivas en los mercados internacionales, lo que “contradice la apreciación generalmente extendida de que las exportaciones españolas han crecido en los últimos años gracias a la mejora de la competitividad derivada del mencionado descenso de los costes laborales unitarios”, en palabras de María Jesús Fernández, investigadora de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas). Dicho de otro modo, no parece que haya servido de mucho la devaluación salarial registrada para expandir de modo sostenido las exportaciones españolas. Ya estamos en el proceso de vuelta. 

El problema para mejorar la posición competitiva ganando productividad se ha de centrar, por tanto, en mejorar rendimientos en el uso tanto del trabajo como del capital invertido, a través una mayor intensidad en innovación y desarrollo tecnológico, mejorando al tiempo nuestras estructuras productivas para que se adecuen a esta finalidad. Lo que habría de llevar a que nuestras exportaciones contuvieran más dosis de tecnología y trabajo cualificado que lo mostrado hasta la fecha. 

En el libro citado se señalan algunas líneas de actuación para las políticas públicas, orientadas a tal fin, especialmente relevantes para España:

a) Incentivos al aumento de la productividad en las empresa.

b) Incentivos a la adopción de innovaciones a nivel de empresa.

c) Incentivos a la formación en la empresa.

d) Incentivos a la generación de mayores escalas de producción y distribución.

______________
(1) García, N. y Ruesga, S. M. (2014): ¿Qué ha pasado con la economía española? La gran Depresión 2.0 (2008-2013), Editorial Pirámide, Madrid.
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