viernes, 10 de enero de 2014

Incertidumbres de la Economía China (II)

Santos M. Ruesga, artículo publicado en la revista “Ejecutivos” nº 248, diciembre 2013


El pasado mes de noviembre comencé una reflexión sobre la situación de la economía china con mi particular punto de vista, que arrancaba con las visiones obtenidas en un viaje realizado el pasado verano. Completaré hoy esos comentarios con otros complementarios, desarrollados al hilo de conversaciones realizadas con colegas de ese país, así como de la lectura de la prensa local especializa.

Entre mis colegas del mundo académico una preocupación generalizada hacía referencia a un posible parón en el crecimiento económico. Acostumbrados a cifras anuales de ascenso de dos dígitos, las tasas de los años 2012 y 2103 (en previsión) apuntaban a una cierta ralentización, situándose entre el 7 y el 7,5 por ciento. Crecer a ese ritmo les produce un cierto temor, se les asemeja a un negro escenario en tanto que un parón en el ritmo de crecimiento que de forma sostenida se ha registrado desde hace casi treinta años podría llevar consigo problemas, a su entender, no solo de orden económico (empleo, estabilidad monetaria y financiera, etc.) sino también de orden político.

Lo que a los ojos de un occidental no deja de ser una paradoja cuando estamos suspirando por un crecimiento del 1 por ciento, tras una recesión que va ya por más de un lustro. Pero, en cualquier caso, de ser cierto esa posible ralentización en el crecimiento también se generarían efectos colaterales importantes en nuestras economías. No olvidemos que además de ser nuestro proveedor de bienes a bajo coste, la economía china absorbe un volumen importante de las exportaciones europeas (alemanas, en particular) y constituye una fuente de financiación cuasi ilimitada para enjugar los enormes déficit fiscales y comerciales de los Estados Unidos, especialmente.
Inquietud que comparten las autoridades económicas chinas, que, en principio, atribuirían tal freno al ritmo de crecimiento a sus propias necesidades de reorientación del sistema económico, con el fin de garantizar la sostenibilidad del mismo a futuro, desde un modelo guiado por tirón de las exportaciones y la inversión (en activos inmobiliarios y en patrimonio económico público) hacia otro con soporte en la demanda interna, particularmente en el consumo privado. 

Las alertas sobre la situación económica y financiera chinas vienen también poniéndose de manifiesto por diferentes instancias y organismos internacionales. Así, por ejemplo, en un reciente informe la OCDE ha insistido como el impulso liberalizador llevado a cabo por las autoridades chinas que, según este organismo, estaría en la base del espectacular crecimiento experimentado por la misma desde hace tres décadas, estaría estancado ya desde 2008. O, a juicio de algunos analistas de inversiones internacionales, la conjunción de unas elevadas reservas internacionales en manos del Banco de China, con las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda de Estados Unidos, base de tales reservas, podría abrir paso a un colapso del dólar, de un lado, y a la expansión de la burbuja de crédito e inversión en China, desencadenando una crisis financiera que obligara a iniciar una recapitalización en gran escala del sistema bancario chino. Una primera reacción la conocimos en julio de pasado año, como señalé en mi anterior artículo, restringiendo la circulación crediticia y amenazando, de proliferar estas medidas contractivas, la sostenibilidad de una parte significativa del sistema productivo, particularmente la más débil, las empresas de titularidad pública, más dependientes del crédito bancario. Lo cual arrastraría consigo, adicionalmente, tensiones al alza adicionales sobre el tipo de cambio del yuan con los consiguientes efectos sobre la balanza de pagos china. Otros organismos internacionales, como el FMI alertan en la misma dirección, sobre los riesgos para la economía internacional de la contracción del crecimiento de la economía china (particularmente para los países emergentes proveedores de materias primas básicas al gigante asiático). 

Veamos entonces por dónde habría de caminar la economía china en los próximos años y los riesgos de orden económico y sociopolítico que ello conllevará. 

Así las cosas el gobierno chino se ha planteado un salto cualitativo importante en la gestión de los asuntos económicos, explicitado en la pasada reunión del tercer Pleno del XVIII Comité Central del Partido Comunista Chino, celebrada a mediados del pasado mes de noviembre. En el comunicado final de esta reunión se pone de manifiesto la voluntad de las autoridades chinas de promover un proceso de crecimiento sustentado en motores nuevos, distintos al tándem inversión en activos fijos y exportaciones, intensificando las nuevas orientaciones ya puestas de manifiestos en los presupuestos públicos de los dos últimos años, dando prioridad al gasto en consumo, tanto público como privado. Tendencia que, de momento, ya se refleja en la mayor aportación relativa del consumo al crecimiento, más moderado, del PIB. 

El cambio cualitativo se refleja asimismo en la atribución que se asigna al mercado en este cambio de orientación. De mecanismo básico para el crecimiento económico en el marco del denominado “economía de mercado socialista”, que se interpretaba desde el año 1993 (Deng Xiaoping) a la consideración del mismo como elemento decisivo en la nueva etapa de crecimiento sostenible que se pretende y anuncia. 

La nueva orientación hacia el consumo significa, sin duda, la búsqueda de una senda de crecimiento económico que se habrá de apoyar en un uso más intensivo de los recursos, en contraste con el recurso a un uso intensivo en el pasado, que permita acumular incrementos sustantivo de productividad, en el que se apoyará un ascenso continuado de los salarios, como base necesaria para sostener el consumo privado en ascenso. 

Todo ello en un nuevo entorno de reformas económicas para dotar de mayor transparencia en los mercados, confiriendo a este un papel decisivo en la asignación de los recursos productivos, abriendo paso a una mayor presencia de capitales internacionales y nacionales privado –incluso en el sector bancario-, aunque manteniendo el papel dominante de la propiedad pública. 

Acompañando a estas reformas se augura un proceso de liberación de los tipos de interés y la apertura del espacio legal para la convertibilidad paulatina del yuan. Para, en suma, “gestionar de forma adecuada las relaciones entre el gobierno y el mercado”. Y, finalmente, dando un cariz de modernidad a estas iniciativas de transformación estructural con una llamada a la sostenibilidad ambiental que se irá materializando en una fiscalidad verde, para atajar una de las externalidades más acuciantes del primitivo capitalismo chino, la insoportable contaminación del aire y otros bienes ambientales en los campos y las ciudades chinas. Lo que también he tenido ocasión de “mascar” en el relatado viaje al país oriental este pasado verano. 

El viraje en la orientación de la senda económica china, se acompañará de modo paulatino de algunas modificaciones en regulaciones que aún constriñen la movilidad de la mano de obra o la dinámica demográfica, como son el registro de residencia (“hukou”) o la institución del hijo único, Atendiendo, de modo aún no definido en formas y actuaciones específicas, a las necesidades sociales de sanidad, pensiones o educación de una sociedad crecientemente urbanizada. Para lo cual se requiere de forma ineluctable una profunda reforma en el sistema impositivo que independice los recursos públicos de los resultados contables de las empresas estatales, hoy por hoy, con muy capitidisminuidos niveles de eficiencia productiva. 

Y todo ello, eso sí, sin alterar de modo significativo el sistema político de corte autoritario, con tan solo correcciones en los aspectos represivos, expresión más grosera del régimen instaurado hace más de medio siglo por Mao Zedong, Queda claro en el comunicado del tercer Pleno que el Partido Comunista Chino seguirá desarrollando su particular interpretación de la democracia, muy alejada de las formas y contenidos occidentales. 

Pero, nos quedan por ver los riesgos que implícitamente conlleva esta nueva orientación diseñadas para la economía china por sus autoridades, lo que será objeto de mi próxima colaboración en Ejecutivos. 
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