jueves, 6 de febrero de 2014

Paro estructural y fomento de las políticas activas de empleo

Manuel Pérez Trujillo - Universidad Autónoma de Madrid - Augusto Plató

Aunque parece que lo peor de la recesión (en cuanto al crecimiento económico) ha pasado, según apuntan diversas fuentes próximas al Gobierno y también algunos organismos internacionales (como, por ejemplo, el FMI), en estos momentos toca hacer frente a las secuelas de la crisis y, en especial, abordar el problema del desempleo. 

En España ha existido (y existe) un gran debate acerca de los grandes problemas que han supuesto las rigideces institucionales (siendo apuntada directamente la negociación colectiva) para el correcto ajuste del mercado laboral en la recesión. El argumento planteado considera que estas rigideces han evitado el correcto ajuste salarial necesario para absorber el impacto de la recesión sobre el mercado laboral y, por tanto, han potenciado el ajuste vía empleo.

Sin embargo, a pesar de que estas rigideces pueden explicar parte de la destrucción de empleo durante la recesión, también es necesario abordar el problema desde un enfoque estructural para alcanzar una completa explicación de la situación actual en el mercado de trabajo. Cabe destacar que durante la recesión no todos los sectores han sufrido con igual intensidad el impacto de la crisis sobre el nivel de empleo y, por tanto, su aportación al paro total no ha sido equivalente. Desde el comienzo de la crisis económica (iniciada con la desaceleración acontecida en el cuarto trimestre de 2007) hasta la actualidad (cuarto trimestre de 2013) sectores como la construcción y el sector inmobiliario han experimentado un descenso de la ocupación en términos relativos del 64,2 y 90,6 por ciento, de forma respectiva, lo que equivale al 71,8 por ciento de la destrucción total de empleo en este periodo y refleja la importancia de la burbuja inmobiliaria en el mercado laboral. Ambos sectores destacan por ocupar una mano de obra de media-baja cualificación, que dificulta su movilidad hacia otras actividades económicas. Este hecho hace que el tiempo en el desempleo para los parados procedentes de estos sectores sea mayor y, por tanto, se incremente el riesgo del paro estructural. 


El siguiente gráfico da una muestra de lo explicado. En el mismo se puede observar cómo a partir del cuarto trimestre de 2007 el descenso en la ocupación procedente de la construcción (variación intertrimestral con datos trimestrales desestacionalizados) presenta un efecto negativo retardado sobre la variación del paro de larga duración. Es decir, el descenso en la ocupación en el sector de la construcción, aparentemente, puede explicar gran parte del crecimiento del desempleo de larga duración, de hecho, la correlación respecto a la serie correspondiente a la variación intertrimestral del sector de la construcción en el trimestre “t”, con respecto a la misma variación en el periodo “t+4” (un año después) del desempleo de larga duración es de -0,59 puntos.

Variación intertrimestral del número de ocupados en el sector de la construcción y del paro de larga duración (desempleados con más de un año en esta situación)
Fuente: Augusto Plató con datos procedentes de la Encuesta de Población Activa (INE), desestacionalizados (ver Fok, D., Franses, P.H. & Paap, R. (2005). Performance of Seasonal Adjustment Procedures: Simulation and Empirical Results. Research Paper Econometric Institute, Erasmus University Rotterdam 30/2005).
A pesar de que esta explicación es simple, en principio, y debiera aplicarse un análisis empírico de mayor alcance para analizar este efecto de forma correcta (lo que requiere un mayor esfuerzo que el aplicado al realizar un simple coeficiente de correlación), la conclusión que se extrae puede servir para argumentar que el efecto del descenso en la ocupación para el sector de la construcción está incidiendo de forma negativa sobre la persistencia del desempleo y puede impulsar el paro estructural.

Para poder corregir esta situación en el mercado laboral es indispensable el uso de políticas orientadas a mejorar la formación y capacitación de los desempleados, especialmente de aquellos cuya última ocupación se encontraba en relación con alguno de los sectores que han experimentado una mayor destrucción de empleo durante la crisis económica, para mejorar su empleabilidad y adecuar sus características a aquellas demandadas en el mercado laboral. Por tanto, se requiere de un impulso mayor de las políticas activas en el mercado de trabajo. En este sentido, el Estado debe realizar un esfuerzo financiero mayor que el que está a su alcance en estos momentos (consecuencia del desajuste existente en las cuentas públicas) para mejorar la dotación actual de las políticas activas, las cuales para el año 2014 dispondrán de una partida de 4.073,52 millones de €, lo que equivaldría a 700 €/parado (en caso de que el desempleo se encontrase próximo a los 5,5 millones de personas), cifra muy inferior a las del entorno comunitario (1).

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(1) Por países, las últimas cifras publicadas para el año 2011 por Eurostat indican que el gasto en políticas activas por parado es: 
Dinamarca: 16.739,3 €/parado 
Bélgica: 14.714,0 €/parado 
Holanda: 10.786 €/parado 
Austria: 9.546,2 €/parado 
Finlandia: 7.748,4 €/parado 
Francia: 5.224,2 €/parado 
Alemania: 4.652,1 €/parado
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