viernes, 21 de junio de 2013

La reforma de las pensiones

Norberto E. García - Augusto Plató

Recientemente ha sido aprobada por un “Comité de Sabios” una propuesta de reforma al sistema de pensiones que en última instancia, hace depender las mismas de las proyecciones de disponibilidad presupuestaria del fondo de pensiones y de las proyecciones de la evolución demográfica futura. La aprobación tuvo un solo voto de oposición, el del Dr. Santos Ruesga, Profesor de Economía Aplicada de la UAM, quien había integrado la Comisión a pedido del PSOE. En la fundamentación de su voto, el Dr. Ruesga sostiene que no deberíamos aprobar otra reforma sin antes evaluar seriamente el resultado de la aprobada en el 2011 en la que se elevó la edad de jubilación a 67 años, en lugar de hacer depender la nueva reforma de alarmantes proyecciones más o menos extraídas de la galera y promovidas por la Comisión Europea.

Es importante recordar que entre el 2008 y el 2013 ninguna de las proyecciones económicas y financieras efectuadas y exhibidas por la Comisión Europea para justificar sus imposiciones a España, se cumplieron. Todas, sin excepción fallaron seriamente. Tiene razón entonces el Dr. Ruesga al invocar la necesidad de una evaluación más seria que una proyección alarmista.


Hay además un aspecto que no escapará al criterio de nadie. La necesidad de reformar el sistema de pensiones haciéndolo depender de una proyección de la disponibilidad presupuestaria esperada del fondo de pensiones, no es independiente de las políticas de austeridad fiscal extrema y política monetaria contractiva, impuestas por la Comisión Europea a España siguiendo la inspiración de Berlín. Esa combinación de políticas, operando con multiplicadores fiscales mucho más elevados que los asumidos en cada “ajuste” decidido por la troika, generó y sigue generando un impulso recesivo adicional y un ascenso no previsto en las ratios (Déficit Fiscal/PIB) y (Deuda Pública/PIB); es decir, el resultado contrario al objetivo declarado de las políticas de austeridad extrema y contención monetaria. Esos resultados agregaron varios puntos adicionales a la tasa de desempleo y redujeron los salarios reales. Esto redujo la disponibilidad fiscal y los aportes al sistema de pensiones. Lo que es más serio, redujo también la disponibilidad fiscal futura de España y los aportes futuros al empantanar al país en una situación difícil de superar. 

Curiosamente, en lugar de tratar de corregir los errores cometidos – hoy ya señalados hasta por el FMI – la Comisión Europea y la Comisión nombrada por el Gobierno –con la honrosa excepción del Dr. Ruesga– deciden adaptar el sistema de pensiones a la continuación hacia el futuro de las desastrosas políticas económicas vigentes y de los aportes pensionarios proyectados que emergen de esa continuidad, generados por una política fiscal y monetaria contractivas que han sido un costoso fracaso para España y no han tenido éxito en ningún país del mundo en que se las impuso.

Por consiguiente, la necesidad de reformar el sistema de pensiones es en parte provocada por los enormes errores de la política de austeridad extrema, que reducen la disponibilidad fiscal, elevan el desempleo, reducen la ratio de (ocupados/población activa) que afecta el cálculo de pensiones y disminuyen los salarios. Todo ello incide en el total de los aportes a los fondos de pensiones. Para más remate, al efectuar las proyecciones demográficas de España como si fuera una economía cerrada, sin tomar en cuenta los cambios en los flujos de emigración e inmigración, las proyecciones dejan de lado que con una política de crecimiento ingresarían a España trabajadores jóvenes que contribuirían al sistema de pensiones y a la inversa, la continuidad de la actual política macroeconómica provocará la emigración de trabajadores jóvenes, como ya lo estamos observando, agudizando el problema del financiamiento de las pensiones.

En el pasado reciente hemos sido testigos de cómo distinguidos economistas del FMI cuestionaron duramente la política de austeridad fiscal extrema por el error estadístico cometido en la subestimación de los multiplicadores fiscales, que condujo a una sobre-contracción fiscal que tuvo y tiene consecuencias desastrosas para España. Hace pocas semanas el FMI emitió un nuevo informe señalando los graves errores cometidos en el primer ajuste impuesto a Grecia: los datos estadísticos de la economía griega señalaban ya en ese momento que era imposible que Grecia pudiera enfrentar un ajuste viable sin antes decidir una quita en el monto de su deuda, y la intensidad del ajuste aplicado en Grecia fue mucho más elevado de lo que la economía griega podía resistir – como lo están mostrando actualmente las desastrosas estadísticas económicas y sociales de Grecia. El FMI se suma así a miles y miles de economistas de cientos de centros de investigación del mundo, que han venido denunciando como un fracaso de altísimo costo social, las políticas impuestas por la Comisión Europea [1]/.

Está entonces dentro de lo posible que el FMI, dentro de dos años, descubra que los lineamientos y proyecciones usadas para decidir la reforma del sistema de pensiones de España, estaban también plagadas de errores. Claro está, el tema es que aún después de descubrir estos errores, será imposible reparar el daño – como ha sido imposible compensar el daño de las políticas de austeridad extrema equivocadamente impuestas a España y Grecia aunque hoy sepamos con bastante exactitud cuál fue la magnitud del error y quiénes cargaron con el mismo. 

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[1] / Es interesante señalar que la Comisión Europea, y en particular Olli Rehn, Comisario para Asuntos Económicos, han rechazado las investigaciones estadísticas del FMI y negado la validez de sus conclusiones.
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