lunes, 9 de septiembre de 2013

La decepción bonaerense

Javier de Quinto

La candidatura Madrid 2020, que intentaba por tercera vez consecutiva convertirse en sede de los Juegos Olímpicos (JJ.OO), volvió a fracasar, esta vez en Buenos Aires. Fue descartada en primera ronda de votaciones frente a Estambul y Tokio. No queda otra que felicitar a Tokio, la ganadora, que los organizará por segunda vez en la historia. 

Seguramente nuestra derrota no debe achacarse a la calidad del proyecto. Cerca del 80% de las infraestructuras ya están construidas y era la que menor inversión hubiera requerido (unos 1.500 millones de euros), lo que nos daba cierta credibilidad en un entorno de severa restricción presupuestaria seguramente impuesta por autoridades supranacionales, pero obedientemente asumida por las autoridades (y otros no tan autoridades) nacionales…

Una pena… porque las bondades de ser anfitrión de unos JJ.OO son importantes desde el punto de vista económico ya que suponen por una parte un impulso (keynesiano, y Dios me perdone la expresión) de inversión en infraestructura seguramente financiada con deuda pública, un impulso (a plazo) en la demanda de servicios principalmente hoteleros y de servicios (básicamente demanda externa) e importantes efectos spin off, imposibles de delimitar a vuelapluma. 


Y tan importante como lo anterior: un cambio positivo en las expectativas. Seguramente, en caso de haber ganado, el efecto directo de inversión en infraestructura, se hubiera visto reforzado por otras iniciativas (públicas y privadas) y por un esfuerzo de la banca (tal vez un poco empujados por los gobernantes) por otorgar más crédito al menos para estos desarrollos.

Todo ello se hubiera producido en mayor o menor medida, pero malo no hubiera sido.

Frente a Estambul y Tokio se ha visto que el éxito deportivo (evidente en el deporte profesional español) ni es condición necesaria, ni condición suficiente. Tampoco creo que los casos de doping en España hayan sido determinantes. Todos tienen sus puntos oscuros: Fukushima y el estancamiento económico en Japón, el islamismo (al menos en zonas limítrofes), la negativa a entrar a corto plazo en la UE en Turquía…

En otras palabras, parece que cumplíamos la condición necesaria (proyecto, infraestructuras, seguridad…) pero no con la condición suficiente: la política.

Estoy tentado a decir que no sabemos jugar el juego de la política internacional, que es lo que se ha jugado en esta votación del COI (con todas las miserias que seguramente arrastra), o que no sabemos medir los tiempos políticos (es decir que no le tocaba a Europa ahora). Pero no lo diré. 

Creo que se sabía que la imagen de España ya no es la que era antes de Barcelona 92: un país que recién había superando una dictadura, corriendo (económicamente) más que otros en Europa, ejemplo de superación… La imagen que proyectamos ahora es más decadente y rancia… No hay una correlación perfecta entre PIB per cápita y JJ.OO, ni entre ranking de corrupción (según Transparencia Internacional) y JJ.OO… Lo que importa es la imagen política que transmitimos y ya no somos ejemplo de nada… Muchas de nuestras instituciones ni interna ni externamente proyectan una buena imagen. No generamos empatía. No se nos quiere… Y no trabajamos (bien) en el exterior ni para que se nos quiera ni para que se nos respete.

Y Japón hoy ya no es el país del estancamiento y la deflación. Es otra cosa. Apunta un futuro bastante más prometedor…

Los señores del COI no premian servicios prestados, ni que somos cumplidores con la troika. Premian empatía e ilusión. 

Hay quien dice que nuestra táctica es la del burro: al burro no se le quiere ni por bonito ni por inteligente, sino por persistente. Eso hizo la candidatura de París por tres veces hasta que su persistencia se quebró.

Pero, eso no es lo que importa. España hace un juego de autismo: una candidatura a los JJ.OO 2020 en clave de política interna. Durante un tiempo una ilusión nos ha narcotizado de nuestros Bárcenas, nuestra tasa de desempleo, nuestro pobre devenir económico cuyas únicas esperanzas de recuperación se basan en la demanda exterior… 

Ayer la selección peruana de fútbol jugaba contra Uruguay en Lima. Tenía que ganar o ganar, de lo contrario quedaba fuera del mundial de Brasil 2014. Bueno no bastaba solo eso, también tenía que ganar los dos siguientes partidos sí o sí. Pero nadie dudaba del triunfo, a pesar de que ya se habían perdido muchos partidos antes. Perú perdió (1-2). Hoy la prensa peruana habla de un mundial devaluado porque Perú no va. Algo así nos ha pasado con los JJ.OO 2020: ya hemos perdido varios partidos antes; ¿devaluados porque no son en Madrid?

Solo queda preguntarnos si el sobresfuerzo inversor y de gestión que Madrid (y el gobierno) hubieran realizado en caso de ganar, va a quedar en humo o se va a reorientar hacia algún otro noble destino, por ejemplo I+D+i, promoción del deporte de élite, asfaltar calles (que no se ha hecho en agosto por primera vez en décadas), pagar a más personas para que pongan multas por aparcar sin ticket en zonas de pago (para lo que habrá que ampliar las zonas de pago hasta Guadalajara)...

Yo soy un poco pesimista: ya se ha gastado mucho en consultores, relaciones públicas, viajes, hoteles, trajes grises y corbatas rojas. Fin de fiesta. Por ahora; porque a la cuarta va la vencida ¿o no?
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