Santos M. Ruesga, artículo publicado en la revista “Ejecutivos” nº 247, noviembre 2013
El pasado verano tuve ocasión de volver a viajar por diferentes zonas de la geografía China. Un viaje tan largo por este vasto país no lo había hecho desde hace 25 años; no obstante, he visitado el país asiático en alguna otra ocasión, pero en estancias más breves y espacialmente puntuales que no me permitieron hacerme con una visión global –por supuesto personal y, por tanto, subjetiva- como ahora, de lo que estaba o está aconteciendo en el “gigante asiático”, hoy ya la segunda economía del mundo, tras los EE. UU.
Conviene apuntar que aterricé en Beijing un par de días después de la tormenta monetaria que se desató en el país por la decisión del Banco de China de cortar, de forma imprevista pero tan solo durante 24 horas, el flujo monetario hacia el mercado interbancario, que puso en jaque a todo el sistema financiero interno, colapsando de forma inmediata los flujos bancarios.
Mi propia observación me permitió interpretar “in situ” algunos de los caracteres o episodios relevantes hoy vigentes y presentes en el acontecer cotidiano de la economía china. Lo que fui completando con la prensa china del momento (en inglés) y, especialmente, con conversaciones habidas con diferentes colegas de universidades chinas, en particular con economistas e historiadores de la Academia China de Ciencias Sociales de Beijing.
Con solo salir del aeropuerto la visión te traslada de forma inmediata a un mundo de grúas gigantescas y edificios en construcción por doquier. Acompañados por obras civiles de gran envergadura, dentro y fuera de las urbes: durante unas horas nuestra visión se concentró en una parte de los 2.500 kms. de línea ferroviaria de alta velocidad que en las próximas Navidades unirá Xi’an -con enlace a Beijing y Shanghái-, en el Oriente del país, con Urumqui, capital de Xian Jiang, en el Occidente, semidesértico (el paso natural de la ruta de la seda) y comparativamente muy despoblado.
La urbanización forzada de amplias zonas rurales, con traslado de su población a moles de 35 o más plantas, en muchos casos, como parte de la política del gobierno chino de urbanización acelerada, con la ayuda de una fuerte expansión del crédito a las familias, fundamentalmente con finalidad inmobiliaria, están convirtiendo el paisaje chino, de norte a sur y de este a oeste, en una fotocopia reeditada hasta el infinito de la Seseña de “El Pocero”, que tan plásticamente reflejó ante nacionales y foráneos las virtudes del boom inmobiliario español de la década milagrosa, de 1997 a 2007.
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