martes, 26 de noviembre de 2013

Incertidumbres de la economía china (I)

Santos M. Ruesga, artículo publicado en la revista “Ejecutivos” nº 247, noviembre 2013

El pasado verano tuve ocasión de volver a viajar por diferentes zonas de la geografía China. Un viaje tan largo por este vasto país no lo había hecho desde hace 25 años; no obstante, he visitado el país asiático en alguna otra ocasión, pero en estancias más breves y espacialmente puntuales que no me permitieron hacerme con una visión global –por supuesto personal y, por tanto, subjetiva- como ahora, de lo que estaba o está aconteciendo en el “gigante asiático”, hoy ya la segunda economía del mundo, tras los EE. UU.

Conviene apuntar que aterricé en Beijing un par de días después de la tormenta monetaria que se desató en el país por la decisión del Banco de China de cortar, de forma imprevista pero tan solo durante 24 horas, el flujo monetario hacia el mercado interbancario, que puso en jaque a todo el sistema financiero interno, colapsando de forma inmediata los flujos bancarios. 

Mi propia observación me permitió interpretar “in situ” algunos de los caracteres o episodios relevantes hoy vigentes y presentes en el acontecer cotidiano de la economía china. Lo que fui completando con la prensa china del momento (en inglés) y, especialmente, con conversaciones habidas con diferentes colegas de universidades chinas, en particular con economistas e historiadores de la Academia China de Ciencias Sociales de Beijing. 

Con solo salir del aeropuerto la visión te traslada de forma inmediata a un mundo de grúas gigantescas y edificios en construcción por doquier. Acompañados por obras civiles de gran envergadura, dentro y fuera de las urbes: durante unas horas nuestra visión se concentró en una parte de los 2.500 kms. de línea ferroviaria de alta velocidad que en las próximas Navidades unirá Xi’an -con enlace a Beijing y Shanghái-, en el Oriente del país, con Urumqui, capital de Xian Jiang, en el Occidente, semidesértico (el paso natural de la ruta de la seda) y comparativamente muy despoblado. 

La urbanización forzada de amplias zonas rurales, con traslado de su población a moles de 35 o más plantas, en muchos casos, como parte de la política del gobierno chino de urbanización acelerada, con la ayuda de una fuerte expansión del crédito a las familias, fundamentalmente con finalidad inmobiliaria, están convirtiendo el paisaje chino, de norte a sur y de este a oeste, en una fotocopia reeditada hasta el infinito de la Seseña de “El Pocero”, que tan plásticamente reflejó ante nacionales y foráneos las virtudes del boom inmobiliario español de la década milagrosa, de 1997 a 2007.
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Proceso que reflejan de manera meridiana las más recientes cifras publicadas por el Consejo de Estado chino: en los nueve primeros meses del año actual la inversión inmobiliaria en el país ha alcanzado un volumen de casi un billón (de los europeos) de dólares de EE.UU., lo que ha supuesto un incremento de casi el 20 por ciento sobre el mismo periodo de 2012. Aparte de los problemas sociales que puede acarrear este proceso forzado y acelerado de urbanización, así como otros posibles de orden estrictamente económico, esta fuerte concentración de inversiones en el sector inmobiliario residencial –de reducido coeficiente multiplicador, en términos comparados con otros sectores- puede afectar a la disponibilidad de recursos para mantener una senda futura de crecimiento sostenible en el país. Cabe, no obstante, pensar que en el país donde reside casi una quinta parte de la población mundial, la demanda de vivienda, a pesar del importante aumento experimentado por la oferta en las tres últimas décadas, aún tiene mucho recorrido hasta haber colmatado el mercado inmobiliario –situación que ya estamos viviendo en España-. Pero, junto a ello, el fuerte ascenso del endeudamiento de las familias que este proceso significa, supone una hipoteca importante para la senda de crecimiento económico a medio plazo, al tiempo que una fuente singular de inestabilidad para el sistema financiero, por el riesgo implícito que conlleva, en momentos de posibles dificultades de liquidez en el mismo o de sesgos restrictivos en la política monetaria. Adicionalmente, esta fortísima expansión de las áreas urbanas y semiurbanas por todo el territorio de la República Popular conlleva un creciente nivel de endeudamiento de las autoridades locales, con los consiguientes riesgos de colapso, inherentes a ello. En una mucho más pequeña escala y salvando las múltiples distancias, la reciente experiencia española vivida en este ámbito de la actividad económica, muestra muchas concomitancias con el desarrollo chino descrito, y las consecuencias que estamos padeciendo pueden constituir una llamada de atención a las autoridades chinas ante un proceso que acumula riesgos e incertidumbres manifiestas. 

Una segunda observación me llevaba a comprobar con la vista lo que los datos estadísticos corroboran: una fortísima inversión en infraestructuras económicas de todo orden pero en particular de transportes, entre las cuales la red ferroviaria de alta velocidad es la punta del iceberg. Sin duda, es una opción facilitada por la existencia de un sistema político, de corte autoritario, que ha decidido priorizar estas inversiones frente a otras posibles y, que en ese orden de magnitud, puede estar sujeta a distorsiones importantes. La ausencia de criterios de rentabilidad definidos, que no incorporan indicios de eficiencia en la inversión, pero probablemente tampoco consideran objetivos de cohesión territorial y/o social, puede introducir disfuncionalidades notables en el desempeño del sistema socieconómico. No son extrañas ya noticias en la prensa que hablan de excesos de inversión o de sobreinversión en algunos sectores productivos o de infraestructuras, que se expanden más allá de las demandas existentes. En los días de ese viaje, la prensa china reflejaba con cierta alarma la crisis de la industria de construcción naval china, cerrando astilleros, a causa de una inadecuada planificación por parte de las autoridades económicas, que se fijó más en objetivos megalómanos, de erigirse en primera potencia mundial en la construcción de barcos, que en las condiciones del mercado mundial de este medio de transporte.

En tercer lugar y en relación con lo anterior, se observan también a pie de calle síntomas más que evidentes y en ascenso de una intensa desigualdad en la distribución de la renta que se refleja plásticamente en la coexistencia de signos de lujo asiático (valga la redundancia) junto a muestra de múltiples escenas de mendicidad y miseria en las urbes y de pobreza profunda –ancestral, aún no resuelta- en los espacios rurales. En la calle se observa una nutrida tropa de mendigos y excluidos sociales (afectando mucho a los ancianos) en tanto que proliferan los “mall” de origen y corte occidental donde se concentra lo más granado del diseño de lujo en marcas conocidas. El rápido ascenso de una clase social vinculada al aparato del Partido Comunista (aún hoy intermediario necesario para llevar a buen puerto todo tipo de negocios, pero, particularmente los más lucrativos), está configurando una élite de altos funcionarios y nuevos empresarios, que acumula paulatinamente una sustancial proporción de la renta. Los índices de Gini manejados por los organismos internacionales acreditan a la sociedad china actual como una de las más desiguales en el mundo. Nuestra visión de calle no nos engaña en este terreno. Los movimientos de las zonas rurales hacia las urbes acumulan paulatinamente una masa importante de excluidos sociales y marginados que contrasta con una ostentosidad desconocida en Occidente de los nuevos ricos. Ello, entre otros motivos, esta llevando al gobierno chino al impulso de la urbanización de las áreas rurales –lo que no está exento, como se ve, de contradicciones- al tiempo que favorece una cierta deslocalización industrial que, a la búsqueda de salarios más bajos en el interior del país, puede reducir algo los desequilibrios territoriales de renta, muy intensos. 

Y con los colegas del mundo académico confirmamos una preocupación manifiesta y muy difundida en las esferas políticas del país en torno a la ralentización en el crecimiento económico que se puede estar produciendo en el periodo más reciente. Ralentización, que de confirmarse puede tener efectos importantes en la conducción de la política interna –industrial y monetaria- y otros colaterales e importantes para la economía mundial, en general y para las economías más desarrolladas de EE.UU. y Europa, en particular. Pero sobre ello volveré el próximo mes.
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