viernes, 1 de noviembre de 2013

Piedras en el camino: ¿tropezamos de nuevo?

Laura Pérez Ortiz, Universidad Autónoma de Madrid - Augusto Plató

Las voces que señalan el final de la recesión, que ya se vislumbra luz al final del túnel, que las previsiones de los organismos nacionales comienzan a mejorar para los próximos años, parece que no tienen en cuenta todos los aspectos que se pueden considerar para definir qué es una recesión económica. Según la definición del Fondo Monetario Internacional, una economía se encuentra en recesión cuando, al menos durante dos trimestres consecutivos, la economía decrece (se registran tasas de variación negativas). Y al revés, para confirmar la salida de la recesión se necesitan dos trimestres consecutivos de tasas de variación positivas. Así que, por los datos adelantados de Contabilidad Nacional Trimestral, todavía no podemos afirmar la salida de la recesión. Además, como ya sucediera en el año 2010, esa salida de la recesión puede ser momentánea, de forma que no se corrijan los graves desequilibrios que todavía sufra la economía española.

Foto: Nacho Pérez
Y es que, según la definición de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas (NBER, por sus siglas en inglés), no sólo debe considerarse la evolución en el nivel de producción para tener en cuenta si una economía se encuentra en recesión o no, sino que han de considerarse además otros indicadores como el empleo o los niveles de ingresos. Y según esos datos, con una tasa de paro que supera el 25 por ciento de la población activa, una creciente desigualdad en el reparto de la renta y unos niveles de producción industrial que no terminan de arrancar, no parece que el fin de la recesión esté tan cerca como se proclama.


Es más, cuando se anuncian “crecimientos del 0 por ciento” para los próximos trimestres estaríamos hablando de estancamiento o crisis; cuando las tasas de variación son positivas, pero inferiores al 2 por ciento, se suele denominar decrecimiento o declive, y no será hasta cuando la economía crezca con tasas de variación positivas y superiores al dos por ciento que se podrá hablar de crecimiento o expansión


De ahí que sea prematuro, a la vista de los datos señalados y como se ha señalado en este mismo blog (La voz de los campos sonó nuevamente y Pedro y el lobo...¡y los brotes verdes!, asegurar que la recuperación económica, que no social, está ya a la vista.

Y uno de los indicios más claros de que la recuperación social aún está muy alejada en el horizonte temporal es la evolución en el reparto funcional de la renta. Desde comienzos del año 2008, y en la comparación con uno de los países que tradicionalmente se utilizan como referencia o ejemplo a seguir, Alemania, la participación de los salarios en el reparto de la renta ha llevado caminos bien distintos. La influencia de las diferentes tasas de desempleo entre los dos países es la explicación más clara de tanta divergencia. Pero es que las diferencias siguen creciendo, demostrando, de nuevo, la endeble recuperación que se avecina: si la participación de los salarios (en último término, del consumo) sigue reduciéndose al mismo ritmo, y visto que la demanda externa no es suficiente para acarrear todo el peso de la economía española, ¿cómo va a crecer la economía? ¿Cuál será el motor de impulso en la recuperación?



Si nos atenemos a la evolución del mercado de trabajo, los últimos datos publicados en la Encuesta de Población Activa tampoco confirman el ansiado fin de la recesión económica, sobre todo teniendo en cuenta que la tasa de paro sigue en el 26 por ciento.

Continúa reduciéndose la población activa, especialmente, la masculina (tanto nacional como extranjera), aunque por primera vez se recoge también una reducción de la población activa femenina en términos interanuales para las mujeres nacionales (en el caso de las mujeres activas extranjeras la caída se recoge desde hace dos años). El efecto desánimo, así como la salida de población hacia el exterior se está generalizando por sexos.

Fuente: Augusto Plató con datos EPA (INE). (Al pinchar se agranda).
La ocupación se ha incrementado ligeramente respecto al trimestre anterior, como sucede en el tercer trimestre de cada año, debido al efecto del verano. En el caso de las mujeres, además, se produce una traslación desde trabajos a tiempo parcial hacia el tiempo completo, concentrándose en el sector de la hostelería. De forma que buena parte de esa aparente creación de empleo a tiempo completo volverá a desaparecer en el siguiente trimestre, cuando esas mujeres vuelvan al tiempo parcial que suelen ocupar durante el resto del año.


Se destruye empleo indefinido y se crea únicamente empleo temporal, de nuevo relacionado con la estación del año que recoge el tercer trimestre, el verano. ¿A esto lo llamamos recuperación?

Y termino con el último dato que se ha conocido en esta semana y que tampoco contribuye a la idea de la recuperación: los precios. Según el indicador adelantado del IPC, nos situamos, de nuevo, tal y como sucediera en 2009, en variaciones negativas de precios.


De nuevo, habrá que esperar si es una situación coyuntural o, como sucede en las crisis de demanda, el problema va más allá. Si los precios caen, el consumo se contrae, y si eso sucede, la producción cae aún más, y si no, ¡que se lo pregunten a Japón! 

Tanto querer convertirnos en una economía competitiva a partir de devaluaciones salariales puede traer consecuencias negativas. Si los salarios no tiran de la demanda, si el sector exterior no es capaz de suplir la falta de demanda interna, si las políticas monetarias expansivas no son capaces de hacer llegar el crédito a empresas y familias, y las políticas fiscales son contractivas, con el único objetivo de cumplir con los requisitos del déficit público, ¿no será que las políticas no son las adecuadas? Está claro que ni siquiera son acertadas las políticas fiscales contractivas para alcanzar el objetivo fijado de reducir el déficit público de forma acelerada (se hace además a costa del aumento de la deuda pública). ¿No será que ha llegado el momento de cambiar los objetivos de las políticas económicas? ¿No será que es necesario impulsar el crecimiento económico y del empleo, y a partir de ahí reducir la deuda y el déficit públicos?

Convienen recordar la historia de otras crisis económicas, porque somos capaces de repetir el camino equivocado. Cambiar la orientación de la política económica puede ser la opción y algo de esto nos recuerda uno de los últimos economistas en recibir el premio Nobel (Robert J. Shiller) en su artículo "Un estímulo favorable para la deuda". 

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