jueves, 16 de mayo de 2013

El llamado de atención de la Comisión Europea y el Gobierno de España

Norberto E. García - Augusto Plató

(Agradezco los comentarios de Santos M. Ruesga Benito, decisivos para este artículo de opinión)

La Comisión Europea acaba de efectuar un llamado de atención a España por los desequilibrios macro económicos, del mercado de trabajo y de otras áreas que sufre el país y le ha solicitado al Gobierno que introduzca nuevas reformas (recortes) en áreas claves como mercado laboral y pensiones, o en su defecto sufrir la aplicación de penalidades que implican el pago de multas de varios miles de millones de Euros.

El Gobierno no ha respondido a este comunicado de la Comisión Europea como se merece: todos los desequilibrios enunciados han sido agravados por las políticas de austeridad fiscal extrema impuestas por la propia Comisión Europea en 2010-13, siguiendo la recomendación del Gobierno de Alemania, en todas las experiencias del Sur de Europa – y en España en 2012-13. El factor común es que esas políticas han sido un fracaso en todas y cada una de las experiencias en las que fueron aplicadas y no existe en Europa – o fuera de Europa – una sola experiencia que haya sido exitosa en detener las tendencias recesivas y lograr la recuperación del crecimiento aplicándolas.

Sin duda, varias Administraciones políticas españolas comenzando por la Administración Aznar y siguiendo por la Administración Zapatero, son plenamente corresponsables del desastre que sufrió España en 2008-09 y la continuidad de la recesión en los años siguientes. Ejemplo de esa corresponsabilidad son: i) la aprobación de la ley de suelos que instala un contexto legal propicio a una desenfrenada bonanza inmobiliaria, ii) el no haber percibido que al adoptar el Euro, España debía aumentar el crecimiento de la productividad y contener el alza de salarios para poder mantener un mínimo de competitividad en la Eurozona y evitar una apreciación real[1]/; iii) haber permitido un descontrolado  incremento del endeudamiento externo privado – bancario -  para equilibrar los déficits externos que fueron creciendo y acumulándose en 1999-2007; iv) no haber controlado a los bancos privados en la asignación prioritaria hacia el negocio del ladrillo de los recursos externos obtenidos de préstamos  del exterior siguiendo la mayor rentabilidad que la apreciación real indujo y no haber frenado el desarrollo de la corrupción – particularmente en las Cajas - que la fuerte expansión del crédito bajo condiciones laxas permitió; v) no haber adoptado las medidas de defensa frente a la crisis global externa a mediados del 2008 cuando en todo el mundo se sabía que dicha crisis había estallado a fines del 2007 y de hecho estaba afectando ya a España; vi) posteriormente, no haber adoptado una política efectiva de contención de la crisis en lugar de medidas puntuales que confiaban en una pronta recuperación; vii) a partir del 2010, el viraje parcial hacia una política de austeridad que no podía amortiguar la contracción económica ni obtener una recuperación, viii) en 2012-13 la implementación completa de las recetas de inspiración germana exigidas por la Comisión Europea que generan una nueva contracción del crecimiento y una nueva fase de la recesión española.

Las políticas recomendadas por la Comisión Europea en 2010-13 agravaron el desastre provocado por los errores cometidos por varias y sucesivas Administraciones de Gobierno de España. Las políticas recomendadas por la Comisión, como se sabe, descansaban en: i) una austeridad fiscal extrema que pregonaba la necesidad de reducir rápidamente el gasto público y aumentar los impuestos en el medio de una recesión; ii) provocar vía reformas una reducción significativa de los salarios como único camino para lograr un descenso en los costos laborales unitarios para mejorar la competitividad; iii) restructurar el sistema financiero para eliminar los activos tóxicos de las carteras de los bancos viables y liquidar las entidades financieras no viables.

La austeridad fiscal extrema y restantes medidas se originan en la propia experiencia de Alemania en 1998-2007. En 1999-2005 Alemania introduce recortes al Estado del Bienestar, reduce los impuestos e implementa una reforma al mercado laboral para contener salarios y elevar la productividad. Todo ello para impulsar una mayor competitividad de Alemania. En 2002-2007 Alemania efectúa una significativa reducción del déficit público hasta alcanzar un superávit fiscal.

Pero es muy importante recordar que estas reformas las efectuó en un contexto especial. En el 2000-2005 el Banco Central Europeo implementa una política monetaria expansiva, que impulsa el aumento del crédito en toda la Eurozona. Esto  compensa el efecto contractivo de la reducción del déficit público en Alemania y, adicionalmente, al generalizar el impulso expansivo a toda la Eurozona, expande los mercados externos europeos para las exportaciones alemanas, facilitando así en ese país una política macroeconómica expansiva a pesar de la contracción del déficit público.

Cuando se desata la crisis del 2008-09 y a partir del 2010, el Gobierno Alemán hace énfasis en el seno de la Comisión Europea en las mismas políticas que fueron exitosas en Alemania para lograr  un crecimiento competitivo.  A ello se le suma el convencimiento – equivocado - de que el alza en los precios de los bonos de la deuda pública en los países del Sur de Europa requería de una reducción rápida del déficit público para ganar nuevamente la confianza del sector privado – como precondición para la recuperación del crecimiento[2]/. Pero estas recomendaciones son efectuadas en un contexto totalmente diferente al vivido por Alemania en 1999-2007.

Después de la crisis del 2008-09 los países del Sur de Europa seguían en recesión, y, a la inversa de lo registrado durante el período previo de Alemania, no disponían de una política monetaria y crediticia expansiva – ya que el propio Gobierno Alemán y el Bundesbank se opusieron tenazmente a que el Banco Central Europeo implementara la misma. Tampoco se disponía de mercados externos creciendo, ya que la recesión había afectado los mercados de todos los países de Europa y Alemania se negaba a expandir su economía. En este diferente contexto, aplicar una austeridad fiscal extrema y rápida, reducir salarios y restructurar la banca, no podían dar el mismo resultado que el registrado previamente en Alemania.

En una economía en recesión, el gasto privado se está contrayendo – en parte por el aumento en la demanda por la liquidez, en parte por el proceso de desendeudamiento y en parte por temor a lo que podría suceder. Si no existe la posibilidad de reorientar velozmente parte de la producción hacia exportaciones – como de hecho ocurría en los países del Sur de Europa – y tampoco existía una política monetaria expansiva para compensar la situación – como las aplicadas en EEUU, el Reino Unido y más recientemente Japón - una rápida reducción del gasto público y elevación de impuestos generaría un agravamiento de la recesión. Los multiplicadores del gasto fiscal se elevan cuando se enfrenta una recesión y cuando no existe la posibilidad de implementar una política monetaria expansiva, lo que significa que la austeridad fiscal extrema generaría indefectiblemente fuertes tendencias contractivas que agravarán la recesión. Esto a su vez, impediría la reducción del ratio (Déficit Público/PIB) y (Deuda Pública/PIB) provocando el fracaso de la política de austeridad aún en el ámbito fiscal – tal como ha ocurrido en España en 2012.

Adicionalmente, la reducción de salarios es un camino viable cuando aplicado con moderación, actúa como proceso de ignición, vía aumento de la rentabilidad, de las decisiones de inversión privada en equipos, innovaciones, entrenamiento laboral, etc., requeridos por un aumento de la competitividad. Pero no es por sí sola capaz de cerrar una brecha de casi 30 por ciento de competitividad como la registrada en España en 2010. Para eso se necesitaría casi una década de reducción de salarios lo que es prácticamente inviable – y socialmente injusto. Lo que realmente es indispensable son políticas deliberadas para el aumento de la productividad total y la reducción de los costos totales unitarios.

Similarmente, la restructuración de la banca prestó atención a  los indicadores de solvencia y morosidad existentes en 2010-11, pero no reparó en que el agravamiento de la recesión originado en la propia política de austeridad fiscal extrema del 2012 debilitaría gradualmente aún más la posición de los bancos viables – como se está ya percibiendo actualmente. Adicionalmente, ni el Gobierno ni la Comisión Europea parecen haber previsto el efecto del desendeudamiento del sector privado que está teniendo lugar desde el 2011. El desendeudamiento implica que el sector privado prioriza el pago de préstamos y ello reduce su gasto. También significa que las empresas y familias involucradas en el proceso de desendeudamiento, no demandarán nuevos créditos bancarios hasta alcanzar sus metas de desendeudamiento. Por consiguiente, por un lado es un factor que contribuirá a deprimir el gasto privado y por el otro reducirá la demanda por crédito. Como resultado, el aumento del crédito enfrenta restricciones por el lado de la oferta de crédito y también una debilidad de la demanda por crédito originada en lo expuesto.

Finalmente, ni las políticas de la Comisión Europea ni el actual Gobierno de España han prestado atención a la única política que podría sacar a España del pantano en que se encuentra: montar un bien diseñado sistema de promoción de exportaciones, buscando una diversificación de mercados y productos, apuntando a mercados de fuera de la Unión Europea. Han transcurrido cinco años desde el impacto de la crisis y todavía España no cuenta con mecanismos institucionales con fuerza suficiente como para desarrollar prioritariamente una política de promoción de exportaciones agresiva y potente. Descansar sólo en la reducción de salarios para ganar competitividad conduce a ignorar la opción que realmente necesita España.

Hecho este balance, la pregunta que cabe efectuar es porqué el Gobierno no le responde a la Comisión Europea subrayando y puntualizando los errores y omisiones de las políticas recomendadas. ¿Es por ignorancia? ¿Es por falta de convencimiento? ¿Es por falta de decisión? ¿Es por conveniencia? El Gobierno parece por un lado estar convencido de una parte importante de la receta de la Comisión y por el otro ha demostrado una ignorancia sobre cómo funciona la economía y una incompetencia de gestión notables – y esta combinación es fatal para poder enfrentar el desafío actual. Lo que debería quedar claro  es que seguir callando una respuesta franca y decidida, lo convierte en cómplice de los desastres patrocinados por Bruselas e inspirados en las recomendaciones del Gobierno Alemán.

Por norma, las entidades internacionales como la Unión Europea no avanzan más allá de lo que lo hacen sus países miembros. La falta de una respuesta contundente del Gobierno de España – y de los restantes países del Sur de Europa – fortalece la presunción de Bruselas de que existe cierto perímetro de acuerdo en torno a sus políticas – o al menos da legitimidad formal a sus recomendaciones. Esto a su vez prolonga la agonía de los países del Sur de Europa. A la inversa, una respuesta contundente de los países del Sur de Europa obligaría a Bruselas a revisar sus políticas, aun cuando Alemania, Holanda, Finlandia y algún otro país del Norte de Europa sigan apoyándolas. Explicitar las diferencias es dar las señales correctas para iniciar el proceso de revisión de las actuales políticas de austeridad fiscal extrema. No hacerlo es transformarse en cómplice de las mismas.


[1]/ Apreciación real en el sentido de elevación de la relación entre los costos laborales unitarios en España versus los registrados en los restantes países de la Eurozona.
[2]/ Como se demostró en la práctica, la escalada de la prima de riesgo fue detenida por un anuncio del Banco Central Europeo a mediados del 2012 y no por la política de recortes fiscales - anuncio en que dicho Banco amenazó con comprar bonos de la deuda en mercados secundarios si continuaba la presión sobre los mismos.
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