jueves, 6 de noviembre de 2014

Nueva reunión del G20: ¿coordinación de políticas económicas?

Laura Pérez Ortiz - Universidad Autónoma de Madrid y Augusto Plató

En breve (14 y 15 de noviembre de 2014) se celebrará la reunión anual del G-20 en Brisbane, Australia, con una agenda basada en promover el crecimiento económico y del empleo, así como en hacer a la economía global más resistente a posibles crisis futuras.

Esta reunión es ya la novena desde que se inició la crisis financiera de 2007-08. En esa ocasión, la envergadura de la crisis y el rápido traslado a la economía productiva hizo que se necesitara una acción conjunta coordinada, y una aplicación de medidas que se diseñaron en la reunión de los líderes del G-20 en Washington, en noviembre de 2008.

En esa cumbre, los líderes mundiales se comprometieron a trabajar sobre la regulación y mejora del sistema financiero, donde se situaba el epicentro de la crisis internacional. Algunas de las líneas sobre las que se decidió trabajar fueron las siguientes:

Inicialmente, por tanto, las causas de la crisis se centraron en la desregulación financiera y la existencia de paraísos fiscales.

Meses después, en abril de 2009, el G-20 se reunió en Londres, donde se profundizó en el planteamiento de las medidas necesarias para una pronta salida de la crisis económica, incidiendo en combatir con las causas que la habían provocado. En esta cumbre se reconocieron los fallos esenciales en el sector financiero y en la regulación financiera como causantes de la crisis. Asimismo, se señalaba la necesidad de restaurar la confianza a partir de la reconstrucción del sistema financiero. Siguiendo con las líneas marcadas en la anterior cumbre, es cuando se decide reformar y reforzar el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, creándose el Consejo de Estabilidad Financiera, como órgano de supervisión internacional, y estableciéndose una nueva arquitectura financiera internacional.

En esta reunión, la prioridad era restaurar la confianza, el crecimiento económico y del empleo; así como reparar el sistema financiero para recuperar el crédito; reforzar la regulación financiera para restaurar la confianza; reformar las instituciones financieras para superar la crisis y prevenir las futuras; promover el comercio y la inversión internacionales, rechazando el proteccionismo; y construir una recuperación inclusiva, verde y sostenible.

Se acordó que los Bancos Centrales mantuvieran políticas monetarias expansivas durante el tiempo que fuera necesario, utilizando todos los instrumentos para estimular la demanda agregada, incluyendo la compra de activos ilíquidos e incluso, medidas no convencionales, como las facilidades cuantitativas (para combatir la debilidad de la demanda y el acecho de la deflación) y la facilidad de crédito (Pérez Asenjo y Silos Ribas recogen aquí cómo la Reserva Federal implementó estas medidas).

Al mismo tiempo que se planteaban políticas monetarias expansivas, en la misma dirección, y con el mismo objetivo de estimular la demanda agregada, se comprometieron a implementar políticas fiscales expansivas, ya que el FMI consideraba insuficiente el estímulo realizado hasta la fecha, urgiendo a los países a efectuar un impulso adicional (como aquí señala J. Carrera).

También desde la Comisión Europea se plantearon medidas coordinadas (Plan Europeo de Recuperación Económica) y de estímulo keynesiano, con expansión del gasto público, para salir de la crisis.

¿Qué pasó entonces para que se acabara con la coordinación de las políticas internacionales y buena parte de los países, con la Unión Monetaria Europea a la cabeza, dieran un giro radical? ¿Qué pasó con las medidas de transparencia y lucha contra los paraísos fiscales? ¿Qué pasó con la supervisión y el fortalecimiento de los organismos financieros? ¿Cómo pasamos de la transparencia internacional y el impulso a las políticas que favorezcan el crecimiento económico a los rescates y a los memorandos impuestos por la troika? (aquí hay una cronología de la crisis y en el libro ¿Qué ha pasado con la economía española? La Gran Recesión 2.0 (2008 a 2013), coordinado por Norberto E. García y Santos Ruesga, hay una detallada explicación de lo que ha sucedido en España)

Ya en las discusiones de la cumbre de Londres se advirtió la diferencia de posturas entre aquellos que daban prioridad a la regulación del sistema financiero internacional (especialmente, la Francia de Sarkozy y la Alemania de Merkel) frente a los países que consideraban imprescindibles los estímulos fiscales para impulsar la economía (el Reino Unido de Gordon Brown y los Estados Unidos de Obama). Desde entonces, en las cumbres siguientes no ha hecho más que ahondarse en esta diferencia, entre aquellos que ven necesaria una política de austeridad y recortes y entre los que consideran que la política imprescindible es la de estímulo al crecimiento.

En cuanto la recuperación asomó en el horizonte, allá por la primera mitad de 2010, buena parte de las economías desarrolladas se encontraron con un elevado volumen de déficit y deuda pública, fruto del incremento del gasto público (política fiscal expansiva), lo que en Europa provocó un brusco giro de las políticas económicas, pasando a contemplar como objetivo fundamental la reducción del déficit público, basado en el necesario cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Además, por aquel entonces se pretendió reconducir las políticas nacionales al estilo y gusto de algunos miembros de la Unión Europea, haciendo creer que los técnicos y gestores podían sustituir a los políticos en el diseño y la aplicación de las medidas necesarias (ya lo advertimos en su momento y la corrupción generalizada está ahondando en el descrédito y el desencanto de la política).

En el marco de la nueva gobernanza económica en la Unión Europea y la zona euro, que sí plasma parte de los objetivos del G-20, al reforzar los mecanismos de supervisión macroeconómica, comienza en enero de 2011 el primer semestre europeo de coordinación estratégica ex ante. Con ello se pretendía impedir un círculo vicioso de deuda insostenible, perturbación de los mercados financieros y bajo crecimiento económico. Las prioridades se centraron en asentar las políticas presupuestarias en unas bases sólidas mediante un saneamiento fiscal riguroso y restablecer el funcionamiento normal del sector financiero; y en reducir rápidamente el desempleo mediante reformas del mercado de trabajo. Pero eso no ha sucedido.

Y mientras el Banco Central Europeo mantiene durante todo el tiempo, y ante la crisis de la deuda del verano de 2011, una política monetaria expansiva, la política fiscal europea actúa en sentido contrario, convirtiéndose en una política restrictiva, que no favorece el crecimiento económico. ¿Qué se puede esperar de medidas que actúan en direcciones opuestas? 

Por otra parte, en Estados Unidos y el Reino Unido sí se siguieron con las medidas de política monetaria expansiva al mismo tiempo que se llevaba a cabo una política fiscal con idéntica orientación. Y los resultados están ahí. La Reserva Federal acaba de retirar los estímulos, una vez que se confirma que se asienta la recuperación de la economía estadounidense. ¿Y en Europa? Pues las previsiones apuntan a la posibilidad de una nueva recesión, la tercera desde que estalló la crisis financiera internacional. Quizá no se llegue a la recesión técnica, pero las perspectivas de un crecimiento sólido, sostenible y con creación de empleo, tal y como se perseguía en la cumbre de Londres, no aparecen en un horizonte cercano.

¿Y aparecerá en la cumbre a celebrar en los próximos días alguna idea nueva? No parece que los políticos se vayan a poner de acuerdo en cuáles son las líneas de actuación necesarias. Si en Europa no somos capaces de coordinar la orientación de las políticas económicas, dónde quedará el resto. La coordinación de las políticas económicas se perdió en la niebla de Londres...
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