jueves, 31 de mayo de 2012

La "cuña fiscal", nuevos datos

Domingo Carbajo Vasco - Augusto Plató

Uno de los aspectos que preocupan a los estudios del mercado de trabajo, es la persistencia de las diferencias entre lo que un trabajador se lleva como un salario para su hogar, para alimentarse (en el sentido clásico del término, artículo 142 del Código Civil español) él y los sujetos que dependen económicamente del mismo, el salario neto y la teórica paga salarial que recibe, su salario bruto. 

Esa diferencia es lo que se conoce por “cuña fiscal” o, en terminología anglosajona, “tax wedge” y, según la Economía Social, cuando más grande sea reducirá más el incentivo de los ofertantes del factor productivo trabajo por entrar en la actividad laboral, porque la retribución de tal factor, el salario, se verá disminuida por factores ajenos a la dinámica del mercado laboral. 

La “cuña fiscal” se produce, fundamentalmente, por la existencia de dos variables que recaen sobre la masa salarial: las cotizaciones de la Seguridad Social y las retenciones sobre los rendimientos del trabajo, generalmente, sometidas al Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) o a un “payroll tax” similar. 


La preocupación por la amplitud de esta cuña se ha acrecentado en los últimos años, a medida que una corriente doctrinal ha postulado que una de las razones para explicar la baja tasa de actividad de algunas sociedades es el escaso incentivo al trabajo que suponen tales factores, especialmente si consideramos que al ser, en algunos casos, progresivos, a medida que se incrementa la base salarial, aumenta más que porcentualmente la detracción y, en consecuencia, se hace más extensa la “cuña”. 
Esta filosofía de incentivar la actividad mediante, entre otras, la aproximación entre salario bruto y neto, de hacer que el “trabajo retribuya” su esfuerzo, “making work pay”, explica la creación por parte de la OCDE de una serie estadística, donde se refleja para diferentes situaciones familiares, desde el individuo aislado, hasta aquél de quien dependen varios hijos y familiares, la diferencia entre el salario bruto y el salario neto. 

Para determinar estas distinciones y para compararlas internacionalmente entre los 34 Estados miembros de la OCDE, se construye el salario medio de un trabajador hipotético en tales naciones de un “average production worker”, APW; se consideran diferentes situaciones familiares (que pueden traer consigo, por ejemplo, variadas prestaciones sociales) y se descuentan las cotizaciones, las retenciones y otras partidas que se deducen obligatoria y legalmente del salario, para computar el salario neto del APW. 

Esta estadística, Taxing Wages, acaba de ver la luz en su edición correspondiente a 2011, y su conocimiento es muy recomendable para cualquier estudioso de los mercados de trabajo. 

Entre otros relevantes datos, se manifiesta que, en el ejercicio 2011, se ha producido (salvo, por ejemplo, en los Estados Unidos) un alza generalizada de la carga tributaria sobre los salarios (ya de por sí muy deteriorados), debida sobre todo a la acción del IRPF. 

También destaca que es Bélgica, el país donde la “cuña fiscal” es la más elevada en la OCDE, del 55,5%, como porcentaje sobre el total de los costes laborales, mientras que en España resulta ser del 39,9%, distribuida entre el 12% para el IRPF, y el 27,9% de cotizaciones a la Seguridad Social (4,9% a cargo del empleado y 23% a cargo del empresario).
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