jueves, 11 de octubre de 2012

La paradoja de la frugalidad confirma que continuará la recesión

Ana I. Viñas Apaolaza - Augusto Plató

Cada vez que asistimos a la publicación de nuevos datos económicos andamos un paso más en la misma dirección de la ya conocida recesión. 

El pasado 2 de octubre el INE ofrecía información estadística sobre las cuentas de los sectores institucionales, entre ellos de los hogares. Los datos reflejan el comportamiento de las familias en función de su renta disponible. 

En el periodo 2005 – 2012 se observa que la renta de los hogares aumenta durante la fase de expansión, abarcando incluso el año 2009; a partir de entonces los valores descienden. Mientras, la tasa de ahorro se mantiene en torno al 10% en la primera etapa, pero despega a partir de 2008, año en el que llega a España la recesión. Desde 2010, en cambio, toma una senda de descenso que continúa en estos momentos.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE).
Nos encontramos ante la paradoja de la frugalidad, modelo que explica el porqué el comportamiento racional de las familias y las empresas ante la incertidumbre puede llevar a una situación perjudicial para el conjunto. Aún cuando la renta de las familias no se había visto afectada, estas deciden reducir el consumo y aumentar el ahorro. Pero este comportamiento solo puede mantenerse mientras mejora la renta. Una vez que esta disminuye por efecto de la crisis, la proporción destinada al consumo necesariamente se incrementa, reduciéndose así la tasa de ahorro. El resultado de este menor consumo de los hogares y caída del ahorro (que al final afecta a la inversión empresarial) es un descenso de la actividad económica. 

Con la paradoja de la frugalidad en acción, en una senda continuada de reducción del gasto público -con más recortes en los nuevos presupuestos presentados hace unos días-, de aumento de los impuestos -con el aún reciente incremento del IVA-, de descenso de la inversión empresarial –es la variable de la Contabilidad Nacional que más ha caído en los últimos trimestres- y, en especial, de reducción del consumo de las familias –persistentemente afectadas por el aumento del paro y el retroceso de los salarios; en estos momentos por la subida del IVA y el repunte de la inflación; y en el futuro por la más que probable congelación de las pensiones-, nos seguimos encontrando con la pregunta de quién tirará de la actividad económica. 

Las respuestas que se alzan a favor de una nueva reforma laboral para reducir los costes laborales de las empresas tienen ya poca credibilidad. Por otra parte, el tirón del sector exterior vía exportaciones sigue mostrando un interrogante mientras no mejoren la calidad e innovación de los bienes y servicios españoles; es un rayo de luz que llevamos años esperando y que parece que su papel se limita a suavizar la amplitud de la recesión, y no a sacarnos de ella. 

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