viernes, 30 de marzo de 2012

En caída libre y sin paracaídas

La actual crisis económica continúa sin apenas mostrar pequeño destello de luz al final del túnel para España y el resto de economías europeas, con especial alusión a las periféricas. Éste es el quinto año desde que comenzó la crisis y desde entonces el desempleo ha sumado 3.481.700 parados en la economía española, hasta alcanzar un nuevo récord: 5.273.600 personas (dato de la Encuesta de Población Activa para el cuarto trimestre de 2011). Como es sabido, la finalización del modelo productivo anterior, basado en la “burbuja” inmobiliaria, dejó al desnudo las carencias estructurales de la economía española, evidenciando un claro problema de falta de competitividad. 

El Gráfico 1 muestra la relación existente entre el peso del sector de la construcción sobre el PIB el año anterior al comienzo de la crisis -año 2006- y la diferencia en puntos porcentuales de la tasa de desempleo durante la misma -periodo 2007/2011-, a nivel comparativo para 11 países de la Unión Europea. Este gráfico evidencia que España es el país que peores resultados presenta con respecto al resto de países, especialmente en cuanto a la evolución de la tasa de paro -con un aumento del 13 por ciento en la crisis-, seguida de Irlanda y Grecia -con un crecimiento del 10 y 4 por ciento de forma respectiva-, siendo éstas las tres regiones donde el peso de la construcción sobre el PIB fue mayor entre los países analizados antes del inicio de la crisis económica. 

Gráfico 1. Relación entre el peso de la construcción sobre el PIB en el año 2006 y evolución de la tasa de desempleo para el periodo 2007-2011, para la UE-12
Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat.


A su vez, las regiones del norte de Europa, de entre las que destacan Alemania, Bélgica y Holanda, muestran evidencias del proceso contrario. Sus economías poseían una menor exposición al sector del ladrillo en la fase de desarrollo económico, en comparación a la media europea, experimentando un incremento del paro inferior durante el periodo de crisis, incluso llegando a presentar un descenso de la tasa de desempleo en esta etapa, como muestran los datos para Alemania y Bélgica, quienes reducen la tasa de paro en un 2,8 y 0,3 por ciento respectivamente. 

Otro aspecto a destacar, a nivel comparativo, es la relación existente entre los niveles de déficit/superávit y endeudamiento público, en el periodo anterior a la crisis económica -año 2006-, y la evolución de la tasa de desempleo durante el periodo de crisis -año 2007/2011. En los gráficos 2 y 3 se puede observar que, la relación existente entre el mayor desequilibrio presupuestario y endeudamiento público y el crecimiento del desempleo, parece no ser tan esclarecedora como para indicar que ambos desequilibrios hayan sido el factor desencadenante del desajuste en la economía y, por supuesto, en el desempleo. A este respecto destacan Irlanda y España -junto con Finlandia-, que son la segunda y tercera economía por saldo fiscal y que presentan los menores niveles de endeudamiento público de la comparativa y, sin embargo, también son los dos países en los que el desempleo está afectando con mayor virulencia. A su vez, países como Alemania o Francia, muestran de nuevo evidencias del efecto contrario. 

Gráfico 2. Relación entre el nivel de endeudamiento público sobre el PIB en el año 2006 y evolución de la tasa de desempleo para el periodo 2007-2011, para la UE-12 
Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat. 

Gráfico 3. Relación entre el nivel de déficit público sobre el PIB en el año 2006 y evolución de la tasa de desempleo para el periodo 2007-2011, para la UE-12
Fuente: Elaboración propia con datos de Eurostat. 

La comparativa de las tres gráficas anteriores evidencia que la incidencia del desequilibrio fiscal y endeudamiento público sobre el desempleo ha sido menor que la mostrada por el peso de la construcción en el desarrollo económico, siendo éste último un indicador para poder caracterizar –aunque con ciertas limitaciones- la estructura económica. En la fase inicial de la crisis económica el rápido ascenso del déficit público -y, de forma paralela, del endeudamiento- en las economías europeas ha sido motivo de preocupación, entrañando verdaderamente riesgos potenciales en la estabilidad del Euro. Sin embargo, el origen de este rápido crecimiento del desequilibrio presupuestario deriva de la actuación de los estabilizadores automáticos y su carácter contracíclico, tratando, en parte, de suavizar la caída del crecimiento económico, siendo la recesión el factor determinante de este proceso de desequilibrio. 

Desde Europa, como es sabido, la solución se está centrando en aplicar duras medidas de ajuste y disciplina fiscal que permitan ajustar las balanzas fiscales, añadiendo de forma paralela reformas estructurales de marcado carácter liberal –centradas principalmente en reducir los costes laborales-, con la intención de potenciar la iniciativa privada, siendo ésta la que deba tomar las riendas de la recuperación. Sin embargo, este proceso está tardando en dar sus frutos, convirtiendo la medida más en un obstáculo que en una posible solución, deteriorando, aún más si cabe, el desarrollo económico y la cohesión social. 

La falta de incentivos económicos que impulsen un nuevo modelo de crecimiento es un factor negativo que retrasa en el tiempo y empeora la forma que adoptará la salida a la crisis, viéndose agravado, aún más si cabe, por el empecinamiento político e institucional en la “dieta” presupuestaria. Asimismo, este proceso posee un fuerte carácter de retroalimentación o “feedback”, debido a que la falta de impulsos económicos reduce el crecimiento y éste empeora la capacidad recaudadora de la administración, impactando negativamente sobre el déficit y endeudamiento lo que conlleva a nuevos ajustes fiscales para cumplir los objetivos fijados y, de nuevo, a reducir el crecimiento y la dimensión de la economía, convirtiéndose en una espiral negativa cuyo tope es el estancamiento productivo. Que este hecho no se cumpla depende en gran medida de las decisiones de política económica que se adoptan a nivel Europeo, las cuales, en éstos momentos, están siendo el verdadero tope a la recuperación, sirviendo únicamente para ganar tiempo en el corto plazo, a la vez que, aumentan los riesgos en el largo plazo.


Manuel Pérez Trujillo - Augusto Plató
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