jueves, 8 de marzo de 2012

Las mujeres, ausentes de la reforma laboral

Hoy se celebra el día internacional de la mujer (antes, de la mujer trabajadora). Hoy comienza también la tramitación parlamentaria de la reforma laboral recogida en el Real Decreto Ley 3/2012, de medidas urgentes para la reforma del mercado laboral. Veamos cómo aparece la mujer en esta reforma laboral, mejor dicho, cómo no aparece. 

Sin embargo, las mujeres son las únicas que se han incorporado al mercado laboral desde que se desencadenara la crisis financiera internacional y el estallido de la burbuja inmobiliaria en nuestro país. Es lo que se conoce como el efecto del trabajador adicional, en este caso, claramente, de la trabajadora adicional: ante la pérdida del puesto de trabajo (o la previsión de perderlo) de los hombres del hogar, la mujer, que en muchos casos se había apartado del mercado laboral, se reincorpora de nuevo para lograr ingresos adicionales. Porque la pérdida del empleo masculino ha sido un elemento clave en esta crisis: la construcción, así como toda la industria manufacturera relacionada -azulejos, madera, cristalería...- ha perdido más de un millón ocupados, el 90 por ciento de los cuales eran hombres. 

Entre el cuarto trimestre de 2008 y hasta el último de 2011, la Encuesta de Población Activa señala que la incorporación de la mujer al mercado laboral ha sido creciente, es verdad que a menor ritmo, pero incesante. Por el contrario, el llamado efecto desánimo (ante las dificultades, cada vez mayores, de encontrar un empleo, se abandona la búsqueda activa del mismo, separándose pues del mercado laboral) ha cundido entre los hombres, especialmente los jóvenes. 

Y además, ha sido una incorporación, una vuelta al mundo laboral de las mujeres de más edad. Entre 2008 y 2011 las mujeres de más de 55 años que se incorporan al mercado de trabajo aumentan en un 24 por ciento, mientras los hombres de la misma edad solo se incrementan en un 2 por ciento. En total, el aumento de la actividad femenina es del 4 por ciento y la caída de los hombres en activo, del 2,9 por ciento 

Tasa de variación interanual de las mujeres activas según grupos de edad 
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE). 
¿Y adónde se dirige esta fuerza de trabajo femenina? Pues en gran medida, a engrosar directamente las filas del desempleo, en la mayoría de los casos, sin ningún tipo de prestación por desempleo, pues las mujeres que se incorporan en muchos casos provienen de la inactividad debida al cuidado de familiares (el 22,5 por ciento de las mujeres que permanecen inactivas lo hacen por ocuparse de las responsabilidades y cuidados familiares, frente al 31,5 por ciento en el año 2008). Aquí encontramos una primera fuente de desigualdad. 

¿Y en qué tipo de trabajos se ocupan las mujeres fuera del hogar? Pues en el sector servicios, mayoritariamente, y dentro del sector servicios, se concentra el empleo femenino especialmente en la rama del comercio (el 18,2 por ciento de las mujeres ocupadas lo están en esta rama de actividad), en las actividades sanitarias (donde se concentra el 13,5 por ciento del empleo femenino), en el sector de la educación (el 9,8 por ciento) y la hostelería (el 9 por ciento). En estas mismas ramas, salvo en la comercial, la tasa de temporalidad es superior a la del conjunto de la economía, especialmente en el caso de las mujeres cuya tasa de temporalidad se sitúa en el 26 por ciento frente a la masculina, del 24 por ciento. En esos mismos sectores hay también una mayor proporción de ocupadas a tiempo parcial, salvo en el caso de las actividades sanitarias y la educación. Esta menor jornada puede serlo bien vía contrato o bien por reducciones para atender a las responsabilidades familiares: el 23 por ciento de las mujeres que trabajan menos horas lo hace por esta última razón, cuando entre los hombres que optan por el tiempo parcial lo hacen para compaginarlo con los estudios, principalmente (el 11 por ciento). 

Y la peor calidad de los empleos no ha de medirse únicamente en términos de temporalidad, sino de otros muchos aspectos. Por ejemplo, la proporción de subempleados (tanto porque ocupan un puesto de trabajo que requiere una menor cualificación que la alcanzada como porque trabajan menos horas de las deseadas) respecto al total de ocupados, ha aumentado, en este caso tanto entre hombres como entre mujeres, al mismo tiempo que disminuía la ocupación y con ello la tasa de temporalidad. No sólo se han destruido empleos sino que, además, se ha reducido la calidad de los mismos. 

Evolución del número de mujeres ocupadas, y tasas de temporalidad y subempleo de las mujeres
Fuente: Elaboración propia a partir de la Encuesta de Población Activa (INE). 
Por eso los salarios son siempre inferiores (véase el decil de salarios de la EPA), además de por la propia discriminación, pues la peor calidad de los tipos de trabajo a los que acceden las mujeres amplía aún más las diferencias salariales. Esto lleva a que las tasas de riesgo de pobreza y exclusión social en el año 2010 publicadas por Eurostat se hayan disparado, alcanzando al 26,1 por ciento de las mujeres y al 24,9 por ciento de los hombres. 

Y siendo como son las mujeres las que han mantenido, a duras penas, eso sí, el mercado laboral en esta etapa, ¿cómo se contemplan en la nueva legislación laboral? De ninguna manera. Las bonificaciones a la contratación de jóvenes, especialmente de los que hayan trabajado previamente y todavía perciban prestación por desempleo, de los parados de larga duración y de los trabajadores de más edad tendrán efectos sobre las mujeres: un efecto sustitución (se preferirá la contratación de estos colectivos frente a las mujeres mayores de 35 años, es decir, las que se habían incorporado en mayor medida al mercado laboral), un efecto de pérdida irrecuperable o peso muerto (en el momento en el que haya recuperación de la actividad económica, cuando la haya, se contratarán trabajadores que, en cualquier caso se hubieran contratado, pero sobre los que además se ha hecho el gasto que supone la bonificación), y un efecto de pérdida de renta en el hogar familiar, lo que, inevitablemente llevará a una nueva reducción del consumo privado. Visto que las aportaciones públicas van a dejar de serlo, tanto en inversión (ya lo ha anunciado el ministro de Economía) como en consumo (el recorte de gasto corriente para ajustar las desviaciones de déficit público va a ser inminente, con una nueva oleada de destrucción de empleo, en este caso en las Administraciones Públicas), las perspectivas para el conjunto de la economía no son nada buenas. 

La reforma laboral ahora en trámite parlamentario no va a crear empleo, antes al contrario, va a favorecer de nuevo su destrucción (veremos tras la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado qué sucede en las Administraciones Públicas de todos los ámbitos). Pero en lo que se refiere a las mujeres, el daño es aún mayor: las mujeres ocupadas se concentran sobre todo en puestos de menores salarios, de mayor precariedad y son las que estaban llevando ingresos al hogar. ¿La reforma laboral hace algo por ellas? No, las ignora. Un desequilibrio más que añadir a la cuenta de la reforma laboral. 

Laura Pérez Ortiz – Augusto Plató 

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