sábado, 12 de noviembre de 2011

La paradoja laboral de los jóvenes españoles

La situación del mercado de trabajo español arroja dos datos estremecedores. La tasa de desempleo general es la más elevada de entre los países de la UE, pero también lo es para los jóvenes menores de 30 años, que supera en más del cincuenta por cien la general. Las diferencias entre el paro juvenil y el del total de la población activa son similares antes y durante la crisis económica.

Para entender tal situación hay que explicar cómo funciona el modelo productivo español, fuertemente intensivo en sectores donde abunda el trabajo de baja cualificación. Este tejido productivo, ahora en la crisis, ha desembocado en el empeoramiento de las perspectivas de los jóvenes, en términos absolutos, en el mercado de trabajo. La reducción del coste de oportunidad entre adquirir formación educativa o acceder al mercado laboral se vio reducida en la etapa de crecimiento -ante la demanda de trabajadores de baja cualificación-, empeorando los niveles de formación y polivalencia de aquellos que decidían abandonar sus estudios e incorporarse al mercado laboral. El posterior estallido de la burbuja inmobiliaria y el derrumbe de la construcción, sector que ha aportado cerca de la cuarta parte del crecimiento económico español en la fase expansiva, han hecho el resto. El problema no está, por tanto, en la regulación o el funcionamiento del mercado laboral sino en la estructura productiva del país.

Ante esta situación la población juvenil española se enfrenta a dos posibles disyuntivas, aparentemente razonables, que pueden ser adoptadas tanto de forma individual como simultánea:
  1. Mejorar su nivel educativo para poder incrementar las posibilidades de acceder a un puesto de trabajo.
  2. Emigrar a aquellas zonas donde el empleo no haya sufrido un deterioro tan acusado como en España.
Y la paradoja es que en las fases expansivas del ciclo se produce un aumento de la población activa juvenil, a causa de un incremento del abondo escolar y la mayor oferta de empleo de baja cualificación, por lo que el esfuerzo en formación puede resultar baldío o en el mejor de los casos facilitará la emigración a otros países demandantes de mano de obra cualificada. Una gran paradoja para los jóvenes españoles.

Santos M. Ruesga- Augusto Plató (publicado en TO VIMA newspaper, Grecia)
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