jueves, 24 de noviembre de 2011

Negociación colectiva y tamaño empresarial

La reforma de la negociación colectiva aprobada en el mes de junio todavía no ha tenido efectos sobre los resultados de los procesos de negociación (y quizá no lleguen a verse si se produce una nueva reforma con el gobierno entrante). Sin embargo, sí se pueden apuntar algunas cuestiones. Hay una fuerte presión para descentralizar la negociación colectiva por parte de estudiosos que actúan al alimón con las principales instituciones internacionales (véase Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea o Consejo Europeo, en su conocido “Pacto por el euro plus”). La creencia de que gracias a la negociación en el ámbito empresarial se obtienen mejores resultados (en términos de menores incrementos salariales, sobre todo) y permite a las empresas adaptarse a las circunstancias económicas, parece que ha calado en la sociedad española.

Pero, como siempre, en las comparaciones internacionales a veces vemos claramente que opciones que aparentemente representan una mejor solución, son difícilmente aplicables en todos los contextos. Si consideramos el tamaño empresarial y la población a la que ocupa, nos encontramos con situaciones muy diversas. En todos los países de la Unión Europea predominan las microempresas (empresas con menos de 10 empleados), mientras sólo el 0,2 por ciento de las empresas se pueden considerar relativamente grandes (con más de 250 empleados). Sin embargo, son precisamente las empresas grandes las que concentran a la mayor proporción de asalariados, al 33,3 por ciento, mientras las microempresas sólo dan trabajo al 29 por ciento del total de asalariados.
Esta estructura empresarial es la que se repite en países como el Reino Unido o los países nórdicos, con una fuerte concentración de trabajadores en grandes empresas. Por el contrario, en España, así como en Italia, especialmente, y Portugal, el grueso de los asalariados del sector privado en la economía no financiera, se sitúa en las empresas de menor tamaño.

Una negociación colectiva con predominio de ámbito empresarial tiene sentido en esas pocas empresas que ocupan a la mayor parte de la población, como puede suceder, por ejemplo, en el Reino Unido. Pero en España, con esta estructura de predominio absoluto de las microempresas supone, además de un elevado coste del proceso de negociación, una disgregación del poder colectivo: quizá ese sea el objetivo, hacer que los trabajadores, a través de sus representantes, los sindicatos, pierdan fuerza en el reparto de rentas.

Laura Pérez Ortiz – Augusto Plató
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