miércoles, 9 de noviembre de 2011

Siempre pagamos los mismos

En el reciente debate electoral se ha hablado, algo, de impuestos; uno de los candidatos, feroz converso a la curva lafferiana, afirmó, sin ambages, ni matices, que una disminución de la carga tributaria en España traería consigo más empleo, más crecimiento económico, más bienestar y, por último, más recaudación.
El otro, tratando de convencernos de un pedigrí socialdemócrata que su pasado reciente contradice, fue más matizado y solicitó incrementos tributarios dirigidos contra las grandes fortunas y el impuesto sobre transacciones financieras. Cabe recordar que él estaba en el Gobierno que derogó el Impuesto sobre el Patrimonio, remedo español (malo, pero el único existente) del precitado impuesto sobre las grandes fortunas y que las entidades financieras han visto bajo sus diferentes ministerios una importante minoración de su carga tributaria efectiva.
Pero conviene manifestar algunos hechos, fríos, como los estadísticos, pero representativos de una realidad que suele también evadirse o escapársele a la mayor parte de los candidatos.
Por un lado, nuestra presión tributaria, medida, como hace la OCDE, por el cociente entre ingresos públicos coactivos y el Producto Interior Bruto, ha sufrido un fuerte descenso en los últimos ejercicios. Así, España, ha pasado de un 37,3% de ingresos tributarios como porcentaje del PIB en el ejercicio 2007 a sólo un 30,7% en el año 2009[i].


Ciertamente, la crisis económica tiene mucho que decir, por el descenso del PIB; pero otros países de Europa también han observado minoraciones similares y, sin embargo, no han generado un descenso  tan contundente de su presión tributaria; ergo parece que el sistema tributario español no ha coadyuvado precisamente a solventar ese déficit público, a cuyo altar se sacrifican todas nuestras esperanzas[ii].
Pero, además, conviene señalar quién está pagando esos impuestos y los hechos también son contundentes. Desde el punto de vista de las funciones económicas, en la Unión Europea (UE) de 27 Estados, en el año 2009, el consumo suponía el 28% de la presión tributaria, el 20% el capital…y el 52% el trabajo; además, para mayor INRI diría alguno, el tipo de gravamen implícito sobre las rentas del trabajo se sitúa en el 55%, mientras el del capital no llega al 25% y, durante la crisis económica, las rentas del capital han visto, incluso, reducirse su carga tributaria implícita[iii].
En suma, quizás ha llegado el momento de plantearse no sólo cuántos impuestos han de pagarse, sino quién y qué modalidades de renta han de hacerlo, aunque solamente sea porque si el trabajo paga muchos gravámenes, conviene (es racional) cambiarlo por capital y eso significa más desempleo; aunque, claro está, según algunos brillantes economistas liberales, la distribución de la carga tributaria nada tiene que ver con el funcionamiento del mercado de trabajo.
Domingo Carbajo - Augusto Plató




[i] OECD. Revenue Statistics of Country Members, 1965-2009, París, 2010.
[ii] Para más información, Carbajo Vasco, Domingo; Peragón Lorenzo, Luis. “Algunas cuestiones sobre la comparación internacional de sistemas tributarios”, Gaceta Fiscal, n º 312, octubre 2011, páginas 117 a 132.
[iii] Más información en: VVAA. Tendencias de reforma fiscal: hacia  una fiscalidad europea, Ed. Fundación Alternativas, Documento de Trabajo  nº 62/2011, páginas 10 y siguientes.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
>
ir arriba