jueves, 19 de enero de 2012

No es un problema fiscal, sino de competitividad

Muchas son las voces que reclaman la austeridad fiscal para España y los países periféricos como la mayor necesidad de todas (seguida de las reformas estructurales, especialmente en el mercado laboral para el caso español), ante el peligro de acrecentar la presión de los mercados y la posible ruptura del €, con la intención de evitar así un caos económico a nivel global desconocido hasta ahora. El ajuste presupuestario se ha convertido en el principal “caballo de batalla” con el cual los gobiernos de la Eurozona -con la Alemania de Merkel a la cabeza, como promotora- tratan de combatir la crisis económica para poder liberar la “dura carga” de los déficits y deudas públicas, haciendo ver a las regiones más afectadas que han vivido por encima de sus posibilidades y deben pagar por ello para retomar la senda del crecimiento. 

Sin embargo, se escapa del análisis de la situación económica actual un elemento importante que debería tomarse en cuenta y que es revelador para entender por qué Europa está donde está y la divisa común sigue en riesgo: la competitividad (para ampliar sobre este tema, véase Irvin: Europe's Home-grown Debt Trap y Dervis: Desequilibrios globales y desigualdad interna, por ejemplo). La gran diferencia existente en la estructura productiva y, por tanto, la capacidad competitiva, de las economías del sur (más Irlanda) y el norte de Europa se ha convertido en el elemento clave de la crisis. Un claro indicador es el incremento del déficit comercial experimentado por las economías periféricas desde la puesta en marcha de la moneda comunitaria en el año 2002, mientras que las economías del norte, con Alemania y Holanda a la cabeza han experimentado el proceso contrario, incrementando su margen comercial (tal y como se observa en la siguiente tabla).

Evolución de la Balanza por Cuenta Corriente sobre el PIB, en el periodo 2002 – 2007, para algunos países europeos 
País
Evolución de la BCC s/ el PIB
Economías del Norte
Alemania
5,44%
Holanda
4,23%
Austria
0,85%
Economías periféricas
Italia
-1,66%
Portugal
-1,84%
Irlanda
-4,34%
España
-6,73%
Grecia
-7,88%
                                     Fuente: World Economic Outlook Database, FMI (sept. 2011). 

La apertura comercial y la eliminación de las barreras cambiarias han beneficiado este proceso, haciendo que el ajuste monetario no fuese posible para poder compensar este desequilibrio, acrecentándolo. A su vez, la política monetaria llevada a cabo por el BCE durante el periodo expansivo contribuyó a que la capacidad de ajuste del desequilibrio comercial fuese limitada, expandiendo el crédito mediante unos tipos de interés históricamente bajos (llegando a alcanzar la cifra del 1 por ciento en el año 2003), facilitando la capacidad de financiación de los déficits comerciales por parte de las regiones periféricas, impulsando a su vez el surgimiento de burbujas financieras como la del ladrillo en España e Irlanda, que fueron realmente los impulsores del crecimiento para estas economías, dejando de lado la demanda exterior.

El comienzo de la crisis económica ha destapado las carencias estructurales existentes en Europa, las cuales han aumentado en la etapa de crecimiento, dejando a la luz la realidad existente: la Europa de dos velocidades. La necesidad de incrementar la capacidad competitiva de las economías periféricas y la cesión de la autonomía monetaria están afectando de forma directa al equilibrio del mercado laboral, traduciéndose en despidos y bajadas salariales, incidiendo sobre los costes laborales para ser más productivos. 

Este ajuste, que conlleva un incremento de la pobreza y la desigualdad social, acentuándose con los planes de recorte y austeridad fiscal, está haciendo más brusco el ajuste, incrementando el riesgo de recesión, no solo para las economías periféricas, sino también para el resto de economías europeas, las cuales poseen una gran dependencia del comercio intracomunitario. La solución adoptada por los países europeos posee un claro componente cortoplacista, aceptando los ajustes fiscales como la panacea a la crisis. Sin embargo, éstos conducirán a una reducción del crecimiento económico aún mayor en las economías periféricas y, por tanto, en Europa, que implicarán nuevos desajustes fiscales, entrando en una espiral descendente que irá poco a poco reduciendo la economía de estos países (desmontando de forma paralela el Estado de Bienestar). 

Es evidente que la solución real se encuentra en el cambio de la estructura productiva y, por tanto, en el incremento de la capacidad competitiva de las economías afectadas, lo que implica un ajuste a largo plazo del problema. La posibilidad de compensar los desequilibrios comerciales entre las economías del norte de Europa y las periféricas supone una solución factible al problema actual. Políticas económicas orientadas a incrementar el consumo interno en regiones como Alemania, Holanda o Austria aliviarían la situación actual, muy a pesar del posible incremento inflacionista temido por Alemania, relajando la presión sobre las economías afectadas -que deben orientar su economía hacia el crecimiento exterior-, haciendo funcionar el engranaje económico en Europa, beneficiándose toda la región de ello. De lo contrario, el ajuste real que requiere el problema no se llevará a cabo, la presión financiera seguirá en aumento, el crecimiento económico brillará por su ausencia, las políticas sociales se suprimirán o quedarán en manos privadas, el desempleo, la pobreza y la desigualdad social crecerán y el euro estará en peligro de desaparecer, poniendo en riesgo el ahorro de millones de ciudadanos europeos. Es decir, una debacle sin precedentes.

Manuel Pérez Trujillo - Augusto Plató
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