martes, 3 de enero de 2012

Vuelta al ladrillo

Por diversas razones resulta más que inquietante el paquete de medidas urgentes de ajuste puesto en marcha por el recién estrenado Gobierno del Partido Popular en el último Consejo de Ministros del año 2011. En definitiva, el esperado paquete de recorte pone de manifiesto algunas de las orientaciones de la política económica de este gobierno, tema tan celosamente encubierto por el Sr. Rajoy durante la campaña electoral. 


No voy a referirme aquí al "pastiche" de medidas tributarias, mal calculadas incluso en su impacto económico sobre las cuentas públicas (la nota del Consejo de Ministros solo considera el aumento de ingresos fiscales por los aumentos tributarios, pero no el incremento de gastos derivados de algunos ascensos de gastos fiscales), ni a los apuntes de recortes del gasto social. 

Quisiera detenerme aquí en lo que considero que es un síntoma inquietante para el futuro modelo de crecimiento de la economía española. Nos hemos casado de oír, hasta la saciedad, por un lado y otro, gobierno y oposición y viceversa, cómo el modelo de crecimiento que había caracterizado la senda de desarrollo español en los últimos veinticinco años había entrado en fase terminal. El estallido de la burbuja inmobiliaria fue el "accidente" que puso a ese modelo, desde 2007, en una camilla de la sala de urgencias. Habíamos entendido ya que era insuficiente, e inviable a futuro, un modelo que, creciendo a impulsos de sectores intensivos en trabajo de muy baja calificación, no era capaz de sostenerse en los vaivenes del ciclo económico.
Un modelo que traía como corolario unas fortísimas oscilaciones en el volumen de empleo, llevando a la economía española del fulgurante éxito al más estrepitoso fracaso en materia de creación de puestos de trabajo. Ahí radican la mayor parte de nuestros problemas económicos en prospectiva. Parecía haber unanimidad incluso entre la clase política sobre la necesidad de impulsar sin dilación un nuevo modelo productivo que se enfocara hacia mayores cotas de lo que hemos convenido en llamar la economía del conocimiento. 

Y, a la primera oportunidad, este gobierno de mayorías absolutas, nos retrotrae al túnel del pasado, con la vuelta a la economía del ladrillo. Se retorna a las subvenciones indiscriminadas a la compra de la primera vivienda (con efectos retroactivos incluso), se mantienen las ventajas fiscales a esta función de compra y, como complemento de esta senda reiniciada por el Gobierno de Mariano Rajoy, el paquete de recortes aprobado disminuye en 600 millones de euros las subvenciones destinadas a actividades de I+D+i. ¡Bingo! 

A todo esto, para aquellos que piensen que este camino, manido para la economía española, tendrá algún efecto para la activación de la demanda agregada y, por extensión, la creación de empleo (aunque sea de pésima calidad), pongan primero en el crisol de la vida económica el aligeramiento del enorme stock de viviendas cerradas o a medio terminar y un poquito de confianza para que los banqueros alivien la sequía de crédito. Largo me lo fiáis, amigo Sancho.

Santos M. Ruesga - Augusto Plató
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